Dune, La Casa Harkonnen.

Es la segunda entrega de Preludio a Dune, escrita por Brian Herbert y Kevin Anderson.

En esta segunda parte, ya conocidos bien los personajes, los autores nos terminan de contar como es que se suceden los acontecimientos previos a la saga original de Dune, escrita por Frank Herbert. En esta obra por fin nos enteramos –yo en lo particular deseaba saberlo– cuándo y cómo es que Jessica llega al castillo de Caladan, y cuándo Leto Atreides la toma por concubina, además del por qué ella desobedece las órdenes de la Hermandad y le entrega a Leto un hijo, y no una hija como se le había ordenado.

También conocemos como es que Gurney Halleck, huye de Giedi Prime y pasa a formar parte del séquito Atreides –todos a caso tocan el balliset (???), porque no sólo Halleck, sino que también Hawat, e incluso Rhombur lo hace, supongo que es como la guitarra de la época–. La especia síntetica Amal, casi está terminada, y si este objetivo es logrado por Shaddam, el Universo Conocido dará un vuelco irreparable.  Además tenemos a la participación del Vladimir Harkonnen que ya está más desfigurado y enfermo que antes, pero aún así sigue jodiéndole la vida al mundo en compañía de Piter De Vries, su mentat, y Glossu Raban, su sobrino.

La novela me pareció mejor que la primera parte, pero los autores siguen cometiendo el mismo error: hacer que los buenos sean buenos simplemente porque sí, y siempre en busca del honor, la verdad y la justicia; por su parte los malos se vuelven predecibles al ser malos nada más por que les viene en gana, y siempre buscan el daño del prójimo; esto en lo particular me da pereza.

Alguna escenas de la historia fueron memorables: una de ellas –muy en lo particular–, es cuando los Harkonnen llegan a Wallach IX y no encuentran a ninguna Bene Gesserit, las que previamente los han hipnotizado para que ellos no puedan verlas, mientras desfilaban ante sus ojos.

La muerte de Kailea Vernius me pareció bastante apresurada, no recibiendo castigo ni sufriendo realmente por los males cometidos. La situación de su padre, Dominic Vernius, fue aplacada con suma facilidad por Hasimir; sentí que en ambos casos había más tela de donde cortar.

C’tair se encuentra en un embrollo realmente desesperado, al que yo, sinceramente no le encuentro ni pies ni cabeza, y es causa de mucha frustración y terrible desazón como lector, no poder hacer nada por él.

Por lo demás la novela es deliciosa, y es que regresar al mundo imaginario de los Herbert es sumamente gratificante. La saga concluye con Dune, La Casa Corino, que gracias a Shai-hulud, ya tengo en mi poder.

Cristóbal Cano.

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¿Qué podemos decir? Pues viviendo esta vida y con muchas ganas de aprender todo lo que se pueda en este lapso. Yo sé que hay una vida mejor que esta, pero es carísima.

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