Crónicas de ciudad: La Cueva del Maik.

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¡Qué arroje la primera piedra quien nunca haya visitado un cuarto oscuro!

Como una declaración en contra de mi propia moscamuertería de los últimos meses, me animé a visitar La Cueva de Maik, una estética bastante peculiar ubicada en el centro histérico de la ciudad de Mérida. La cosa bien formal. Yo en plena investigación. Así La Cueva es el primer lugar que visito de la lista de sitios de “mala nota” que sin duda escandalizarían a toda madre clasemediera que se de a respetar. Sin embargo cualquier madre preferiría verle a uno ahí y no en un ciber de cabinas con cortinas cagadas… de esos de cerca del Olimpo.

009Llegué temprano (antes de que abrieran) para tener una charla con Maik y para poder sacar fotografías sin incomodar a la doblemoralista y closetera clientela, aunque estaba seguro que de haberlo solicitado más de uno se hubiese dejado fotografiar en plena faena.

La Cueva de Maik, domicilio conocido por quienes semanalmente lo visitan, es un cuarto oscuro, cerca del cine porno (sí, no se hagan que no saben, está juntito a la Alianza Francesa), cerca a las cantinas, y cerca a otros lugares igualmente e interesantes.

Maik me cuenta que la necesidad tanto económica como de un lugar privado y anónimo es lo que lo lleva hoy día a abrir en la trastienda de su negocio un cuarto oscuro. En cuanto a la necesidad de anonimato tiene razón, pues los avezados en el tema sabrán que en estos lugares no hay nombres o no  verdaderos. Los clientes tampoco te andan preguntando a qué te dedicas, tu número de seguridad social o tu RFC.

012En sus palabras, Maik tiene más de 30 años metido en estas puterías. Que ha visto de todo, que ya nada le asusta.  Su historia comenzó en 1976, cuando abrió el primer bar gay en Mérida. No fueron pocos los problemas a los que se enfrentó, pero decidido, ha permanecido en el ambiente hasta nuestros días. Comparte conmigo sus anécdotas de aquellos días en los muy mal vistos centros de reunión. Me dice que muchos de los establecimientos que dirigió en el pasado eran ilegales; uno de ellos, un caserón en la García Ginerés que otrora causara gran revuelo y sensación por introducir en nuestra castísima ciudad los shows con sexo en vivo. Me habla sobre su historia en el ambiente, de como se subió a los tacones en los tiempos del México Mágico, y como tuvo éxito con la primera disco gay de Mérida: El Kabukis. Famosísimo antro, que según Maik, marcó las directrices de lo que habrían de ser los centros nocturnos homosexuales en nuestra ciudad.

A veces en regla, otras en clandestinidad, Maik, siempre ha buscado la creación de espacios de esparcimiento para sus congéneres. Él hace lo que puede con lo que tiene y lo seguirá haciendo en el futuro. Ahora él está en orden y paga sus impuestos. No tiene problemas ni con la policía ni con los vecinos que diariamente rezan Los Misterios Dolorosos a las seis de la tarde. Me comenta que su familia siempre había vivido en la casa que él y sus invitados ahora habitan, por eso todo el mundo sabe quién es él y qué ocurre en la trastienda. Los policías no lo molestan y los vecinos no hacen reparo ni sufren bochornos como antaño, lo que si hacemos cuentas es ganancia.

037La clave, me dice,  es no hacer escándalo. “Mis clientes no molestan a nadie, no gritonean, no son jotas placeras. No dejo que haya vestidas paradas en mi puerta ni en los alrededores. Nada de griterío ni conflicto. Los carros llegan, tranquilamente se estacionan, los hombres entran, hacen lo que tienen que hacer y con la misma se van. En silencio, sin meterse con nadie. Tengo tantos años en esto, que ya les veo la pinta a los que sólo quieren entrar a chismosear o a molestar. No dejo pasar a nadie que moleste a mis clientes. Vienen a divertirse, a relajarse, no a pasar malos ratos.” Sus políticas son claras: Se prohíbe el acceso a uniformados, animales, mujeres, vestidas y menores de edad.

Salió a colofón el caso 501, en el que 54 jotos fueron detenidos por putear a deshoras de la noche en un bar clandestino hace un par de meses. Ante la CNDH dijeron los implicados que fueron arrestados “nada más por ser bonitas”.

A esto me cuenta que él, también ha tenido problemas con la ley: principalmente en el sexenio de la ex alcaldesa Ana Rosa Payán, la que echó a todas las putas de la ciudad y las mandó fuera del anillo periférico.

La primera vez en ser detenido dirigía un bar cercano al aeropuerto de Mérida, allá por el año 89; la última, hace cerca de un año, cuando él y algunos de sus clientes fueron arrestados por simple burocracia, y fueron liberados 11 horas después con disculpas de la policía por no encontrar nada que les inculpara.

Para ingresar a La Cueva únicamente se necesitan las ganas y $30.00 pesos. “Cuando tenga que pagar más por el permiso de la estética, entonces subiré mis precios”. Me cuenta que cobra poco porque es en parte su servicio a la comunidad homosexual. Maik ofrece a sus clientes privacidad, anonimato, escapismo, deshago y placer. “Me caga ver a dos hombres besuqueándose en la calle. Si un hombre y una mujer causan incomodidad, imagínate dos hombres. Eso no es orgullo gay, eso es exhibicionismo”.

De todos los colores y sabores son sus clientes desde “el que paga con moneditas, hasta el que se baja de su auto del año”. Va más allá del sexo casual, me dice Maik. “Esto es cosa de desahogo. Muchos de los clientes habituales son casados (cosa que pude constatar en mi investigación de campo), cansados de la vida de familia, de las quejas de la esposa, de la chinga de los hijos; otros: oficinistas, gente que ha de guardar las apariencias, estudiantes de todo tipo, mucho closetero.

“Muchas veces no es el sexo lo que los hace entrar y frecuentar La Cueva, es la compañía, el poder ser quien se es sin inhibiciones, sin tapujos, entre iguales”. Ya sea por la plática o por la compañía, no neguemos que las manos y las bocas amigas es lo que hace venirse a los clientes cada semana en La Cueva. Todo esto, dice Maik, les ayuda a recargar las pilas para seguir con el día a día, en la oficina, en el hogar, guardando las apariencias. “Hay en nuestra ciudad chicos que no tienen espacio en su casa ni para masturbarse, que viven entre cinco o seis personas en la misma casa, en la misma habitación. Aquí encuentran ese espacio para desahogarse, para liberarse”.

Bajo la filosofía de que “Cada quien tiene su lugar”, Maik procura ofrecer un lugar para la comunidad homosexual que muchas veces se ve imposibilitada. A mi parecer, también satisface otras necesidades no tan elevadas como el voyerismo de todos los seres humanos, que disfrutamos de mirar mientras otros cogen.

044Siendo día domingo, la estética de Maik abre sus puertas a las 4 de la tarde. Bastante puntuales arriban dos chicos. Damos por terminada nuestra charla. Maik apaga las luces del interior de La Cueva, enciende sus lámparas ambientales y pone una porno para que los chicos vayan calentando sus motores en la sala de videos.

Al ritmo de Duri, Duri del extinto Click, empiezan a llegar más parroquianos: desde chicos bonitos, hombres casados, una que otra jotita y dos que tres chacales.

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El código de un backroom siempre es el mismo: anonimato, oscuridad, sonidos quedos. Pero debido a la experiencia, Maik ha distribuido una serie de carteles que nos indican como comportarnos, para que nadie se quiera pasar de listo…

Así, comienza a llenarse el cuarto oscuro, donde se encuentran dos con tres y a veces con cuatro. Ya para entonces la ambientación corre a cargo de Debbie Harry con Heart Of Glass.

Dos hombres me interrogan con la mirada, me acerco a ellos a platicar rompiendo la regla del sexo silente. Se sacan de pedo. Pareciera que uno se vuelve mudo al entrar a un cuarto oscuro. Les dejo tranquilos, doy más vueltas por el lugar.

025Un chico llega lanzando miradas a todos los que ahí nos encontramos. Lo sigo hasta acabar en las regaderas. Se ducha sin inhibición mientras varios pares de ojos devoran ávidamente su cuerpo. Se masturba y se corre. Solo se queda, nada consigue, ninguno fue valiente, ninguno se acerca. Termina y bastante cansino toma una toalla se seca, se viste y se va. Yo regreso a la sala de videos en donde ya se fragua un encuentro, mientras dos cuarentones se frotan el paquete.

La Cueva abre de lunes a domingo, en un horario de 1:00 pm a 10:00 pm; a excepción del domingo, que como ya mencioné se abre tarde. Según Maik y lo que pude observar, los mejores días son entre semana ya entradita la tarde. A los clientes ofrece sala de videos, cabinas y privados, cuarto oscuro, regaderas  y sanitarios para cualquier emergencia. Hay lockers en la entrada y llaves de pulsera; venta de condones, jabones, y toallas, porque nunca hay que dejar de lado ni la higiene ni la seguridad y porque según Maik, hay putos muy puercos.

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Lo que incomoda es la oscuridad total del cuarto oscuro. Unas luces tenues no vendrían a mal. Y es que al entrar prácticamente se pierde la vista. Dice Maik, que así no se pierde el anonimato, que si pone luz dejan de entrar los clientes. A saber, porque por gusto y por experiencia, al menos a mí, me gusta saber qué me estoy llevando a la boca y a oscuras, oscuras, no da risa, más bien preocupación.

018Recomendaciones: Hay que dar varias vueltas y no meterse con el primer gañan que nos muestre la pija. Unos clínex no te vienen mal, para aquello de no salir pegajoso y oliendo a cloro. Ya si te pones muy aventado, igual y te quitas el adn ageno en las regaderas, y limpio y perfumado te regresas a casa de tu madre o a darle besitos a tu esposa.

Importantísimo el usar condón y ya bien exigentes, que no se les olvide el lubricante aunque sea de Similares, para no jugarnos la suerte.

Me voy de La Cueva no más con el regusto de los cigarros que me fumé en el jardín y el blueballs de la morboseada al chico de las regaderas. A saludar a Manuela en la privacidad de mi hogar porque a fin de cuentas mi investigación era exógena.

Me despido del Maik al salir de la trastienda. Grata fue la charla y cantidad de información la que me proporcionó sobre la escena gay del hoy y del ayer, de esta recatada ciudad.

Cristóbal Cano.

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