Variaciones sobre Beckett, los días felices.

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En este par de meses he tenido la oportunidad de asistir a muchos eventos eventos culturales de los cuales, de la mayoría de ellos no tengo verdaderamente una opinión ni a favor, ni en contra. Pocos puedo decir que me han dejado un buen sabor de boca y menos los que me han cautivado.

fhththrY entonces llegó esta obra, de la mano de El Sótano y de Síndrome Belacqua los cuales han estado presentando todo el mes pasado y parte de este mes, con dos funciones por semana (cuatro en total), una obra de Samuel Beckett cuyo título en español podría ser “Los días felices”. Ambas compañías presentan la misma obra con distinta escenografía, distintos actores, en dos foros diferentes y días diferentes, con algunas variaciones en el contenido de la obra según claro, sus directores. Así, por mutuo acuerdo esta serie de presentaciones se titula Variaciones sobre Beckett: Los días felices.

La obra de Beckett fue estrenada en 1961 y no sé que clase de críticas y opiniones pudo haber tenido en aquel entonces, sinceramente, no me interesan. Lo que puedo decirles yo –profano, ya saben–, el día de hoy es que es simplemente maravillosa. 

dsgerdhteLa trama nos habla de Winnie y de Willie, una pareja de mediana edad que pasa por problemas como todos –quiero pensar–. Winnie se la pasa hablando y Willie parece empeñado a no escucharla. Willie es adicto al sexo y está como obsesionado con una vieja postal porno, mientras Winnie está enterrada de la cintura para abajo. ¿Eso les dice algo?

No tuve la dicha se sentarme a beber con Beckett y de preguntarle qué quería decir con su obra y tampoco me gustan las biografías y los análisis llenos de patrañas que otra gente se dedica a urdir para decirnos lo que el autor nos quería decir así que les voy a contar lo que vi, lo que percibí y lo que sentí. Lo que sí investigué en la web, claro, es que según esta obra fue escrita por Beckett a encargo de su señora esposa. ¿No les dice nada?

gregegrDebo admitir que vi mis cinco años de matrimonio reflejados en las dos horas que duró la obra. Soy Winnie, sí, lo soy. Y es que aunque uno no está enterrado literalmente, si lo imposibilitan las condiciones en las que vive y cuando uno puede hacer tan poco, hace todo lo que puede. Uno se adapta pues, se resigna. Winnie al igual que yo se la pasa hablando y hablando y hablando a lo largo del día y Willie se esfuerza por ignorarla todo el tiempo. Así, cuando Willie le presta atención Winnie exclama “Ah, que felicidad; bendiciones, maravillosas bendiciones”. La obra explora las frustraciones del matrimonio, la incomunicación, la tolerancia y de la necesidad de paz, de que lo dejen en paz. También está por fuerza la costumbre y esa entereza que los hace pese a todo soportar y permanecer, vivir. Winnie se levanta todos los días con el timbre de la mañana y se duerme todos los días con el timbre de la noche y en ese lapso, realiza, a veces metódicamente, ciertas acciones que la mantienen ocupada y más o menos cuerda, bajo el sol abrasador, día tras día, hora tras hora aferrada a la idea, o a la bolsa, o a la bolsa y a la idea de que no está sola, que tal vez, sólo tal vez Willie está escuchándola y que tal vez, sólo tal vez, está prestándole un poco de atención. 

dsfdfddEste drama fuerza al espectador a adentrarse en el monólogo de Winnie ya que las acciones “dinámicas” por decirlo de alguna manera, son casi nulas a lo largo de la obra. Uno espera, espera y espera a que algo suceda y en el momento en que la frustración o la tensión comienzan a aparecer, algún diálogo de Winnie nos toca, nos vemos en él reflejados. Beckett construyó magistralmente sus diálogos entremezclados con citas poéticas y literarias y acompañando el monólogo con pequeñas acciones cargadas de significación que en el momento preciso resultan aplastantes. El mérito también es de los actores y de los directores quien supieron guiar y realizar esta obra que, con sus respectivas variaciones, han logrado cautivar al público o al menos a mí, traumarme.

Como mencioné antes hay diálogos sumamente aplastantes y me dispongo a compartir algunos:

Winnie (después de trasjoder a Willie y que éste le responda violéntamente): 

“Bendito seas,Willie, aprecio tu bondad, ya sé el esfuerzo que te cuesta, ahora puedes descansar no volveré a molestarte, a no ser que no tenga más remedio, quiero decir a no ser que se me acaben todos los recursos, lo que es altamente improbable, saber que en teoría puedes oírme, aunque de hecho no lo hagas, es todo lo que necesito, sentir que estás ahí, al alcance de mi voz, y que estás suficientemente cerca para un ¡quién vive! Es todo lo que pido.

Winnie (sosteniendo por un amplio lapso una sombrilla): 

“Sostener la sombrilla cansa el brazo. Si uno está caminando no, sólo si uno está quieto. Es una observación curiosa. Espero que hayas oído eso, Willie. Me apenaría pensar que no lo escuchaste. Estoy cansada de sostenerla y no puedo bajarla. Estoy mucho peor con ella arriba que abajo y no puedo bajarla. La razón me dice: Bájala, Winnie, no te está ayudando, baja ese trasto y dedícate a otra cosa. No puedo.  No puedo moverme. No, no puedo, algo tiene que pasar en el mundo, suceder algún cambio, para que pueda moverme de nuevo. Willie, ayúdame. ¿No? Pídeme que baje esta cosa, Willie, e inmediatamente te obedeceré como lo he hecho siempre, como siempre lo he hecho, obedecerte y honrarte. Por favor, Willie. Por caridad… ¿No? ¿No puedes? Pues no te culpo,Willie, no, no estaría bien que yo, que no puedo moverme, culpara a mi Willie de no poder hablar.”
La obra me resulta maravillosa ya por toda la significancia que para mí puede contener, por explorar la desesperación, la frustración, incomunicación, y otras cosas hermosas que con los años, minan las relaciones de pareja. El texto forma parte del teatro de lo absurdo y de ahí lo aparentemente intrincado de sus diálogos los cuales, si prestamos atención han sido construidos e hilvanados deliciosamente. Disfrútenla. 
Cristóbal Cano.
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