Divagancia de agosto: me teñí el cabello y se ve pinches igual.

Snapshot_20140822_1

A una semana del regreso a clases pasan varias cosas por mi mente. La situación pinta mejor en todos los aspectos a excepción de encontrar un nuevo empleo en algo que en verdad me guste. Es decir, que vivo en la misma situación que miles de mexicanos y no vislumbro cuando esto cambiará. Dicen que hay que mirar el futuro con más ánimos y tampoco es que tenga porque quejarme. Salí este año de viaje, a dos viajes chidos –es que jamás viajo, no me gusta mucho salir de casa–. Conocí chingo de lugares chidos, gente chida y formas de vida diferente. Llegué a la conclusión de que necesito un piso en el Centro Histórico de Guadalajara, o en el Centro Histórico del DF. 

Paso mucho tiempo en casa, ya saben, trabajo desde aquí. Eso y otras chingaderas no sé cuales, me hacen querer salir de la rutina. Pintaré mi habitación nuevamente, de nuevo estoy haciendo mucho cardio e intentando comer saludable –hacer la despensa pensando en la salud sale muy pinche caro–, llevo quince días sin beber ni una gotita de alcohol y bueno la vida continua.

No sé de donde me vino la pinche idea de pintarme el pelo. Problemas con la tinta yo no tengo. Me encantan los tatuajes. Siempre que voy a hacerme uno nuevo siento que me pica alguna parte de mi cuerpo, que está como vacía y necesita tinta para ser perfecta. Así pues, me picaba la cabeza, y sentía que le faltaba personalidad. 

Siempre quise tener el cabello blanco, blanco o lleno de canas. Como los schnauzers, sí los perritos. Son mi modelo de cabello ideal. También son mi raza de perros favoritos. Entonces dije: ¿Y si me tiño el cabello como los schnauzers? Así que empecé a preguntar a varios de mis amigos y familiares sobre lo que opinaban. Sí, me importa lo que la gente diga, ¿Y qué? Opiniones muy variadas y encontradas, desde los que me alentaban hasta los que decían que me matarían si lo hacía. Mi hermana por ejemplo, me recordó que yo no era uno de esos gays que se tiñen el pelo, que qué mierda me pasaba.

Aún sin tomar una decisión en concreto, comencé a cotizar en varios salones de belleza. Los precios variaron dependiendo del estatus del salón pero los procedimientos básicamente eran los mismos: una decoloración extrema y violenta, después la aplicación de un matiz (creo que se refieren al color que tu cabello tendrá), y después muchos cuidados con decenas de productos para mantener el color que elegiste y que no te quede un rubio verdoso tipo Yesenia que trabaja en una bisutería del mercado de la ciudad o como el de Pablito, que se expuso al sol y ahora su cabello tiene un tono naranja muy cercano al que resulta de cuando vomitas unos chetos. 

En todos los salones me dijeron que para obtener el color schnauzer sal y pimienta que tanto quería, el trabajo tenía que hacerse en mínimo dos sesiones. Eso quiere decir que entre la sesión uno y la dos, yo iba a tener que salir a la calle siendo rubio platinado. Las opciones eran usar un shampoo para que quedase gradualmente gris o que me aplicaran un matiz en la sesión dos para que alcanzara el tono sal y pimienta. El problema de todo eso era el inter. Yo no iba a salir a la calle, ni asomarme si quiera, siendo rubio: menos platinado. Y es que a todo esto soy moreno. Mi tes es como blanca donde no me da el sol y tostada donde sí me alcanzas. Como voy en bici a todas partes, muchas veces bajo el sol desnudo, he de decir que estoy bastante tostadito. Menos mal que yo fuera de raza negra, así el platino no se me vería corriente, sino más bien como exótico. Pero no. Soy moreno normalón y salir a la calle con el cabello platinado no era ni de cerca una opción. Le pregunté a los dueños de los salones si me dejaban vivir ahí en sus locales una semana en lo que me aplicaban el matiz, pero sus caras no eran muy alentadoras. 

Eso me desanimó bastante, porque, no sólo el ser platinado una semana era un problema, también estaba el hecho que si no tenía mucho cuidado con mi decoloración iba a terminarse pareciendo al amarillo verdoso Yesenia 23, o al naranja vomito de Pablito 22, del mercado del cual ya hablamos y, ese efecto secundario, no lo iba a tolerar ni un segundito. 

Consulté entonces a los que más saben: los usuarios de internet. Vi como trescientos tutoriales en Youtube y varias opiniones de chicas y chicos que se habían teñido el cabello de gris (aunque ninguno schnauzer como yo quería) y eso dio al traste con todos mis antojos de ser sal y pimienta artificial.

Pero seguía con las ganas de teñirme; éstas no se me quitaban. Entonces me dije a mi mismo: Eres homosexual, Cristo, tienes el derecho divino de teñirte y hacer con tu cabello todo lo que tu quieras. Así que me armé de valor y fui al supermercado a la sección de tintes decidido a comprarme un nuevo colorcito de cabello. 

Al llegar me enfrenté a otro problema. ¿Qué pinche color y qué pinche marca? Hay cientos. Desde las más conocidas hasta las extrañas. De precios varios y tonalidades diferentes. Estaba seguro que no me iba a teñir de chocolate o rubio, la opción era tendencionsamente negro. Ahora que sobre calidad yo no sabía nada. Whatsappié a todas mis amigas y tomé una decisión. Compré un tinte de precio moderado y me regresé a casa decidido a ser negro azulado 21. 

Ya en casa, abrí la cajita y leí el instructivo diez veces. Ya había visto tutoriales en Youtube así que me sentí seguro de mi mismo: al fin que teñirse no es cosa del otro mundo. Me puse los guantes, preparé los menjurjes tal y como indica el instructivo apliqué en todo mi cabello extendiendo el tinte y los cientos de químicos que seguro este contiene. 

Fue un desastre. Tinte por todos lados, en todo el baño, en mis anteojos –éstos casi se arruinan–, todo lo que tocaba lo manchaba, tinte corriendo por mi piel y mis orejas: rollos de papel higiénico para solucionar el desastre y lo peor de lo peor: pasar esperado sentado en el baño 40 minutos de mi vida esperando a que el tinte hiciera lo suyo. Creí que había visto a las suficientes mujeres hacerlo con naturalidad, creí que era bastante fácil. Para mí, un hombre que no sabe nada sobre el tema, no lo fue. Después me enjuagué y apliqué el no se qué mierdesita que la cajita trae para cuidar tu cabello y bueno. Lo demás es historia. 

Ya sé que pasé por todo un largo proceso solo para dejar mi cabello negro, y la diferencia no es demasiada pues antes era castaño, pero fue bastante entretenido.

Ahora están los manchones en mi piel. De nuevo consulté a una amiga y me dijo que se irían con crema corporal y que era mejor si agregaba a la crema una poca de cenizas de cigarro. ¿En serio, cenizas de cigarro? ¿No están jugando? Aunque supongo que el principio de la ceniza está correcto pues con ella se fabricaron los primeros jabones… a saber. 

Después me advirtieron que nada en esta vida es eterno, y que en las primeras lavadas vería correr el tinte. ¿En serio? No mames, que fiasco. Resulta que debo comprar un shampoo para cabello teñido y la mamada. Esta vida es muy cara.

A todo esto no sé por qué mierda me dio por teñirme. Supongo que es parte de mi rebeldía tardía que me llegó a los veintitantos. Esperemos que esa rebeldía se quede ahí y no me den ganas de no se, un día salir de drag a un antro de la ciudad. 

La vida sigue pues, y un nuevo semestre viene en camino. Recen por mí. 

Cristóbal Cano.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s