Divagancias.

Subí mi pene a la internet y esto fue lo que pasó.

Llevaba tiempo sin escribir nada… y es que no había pasado nada interesante en mi vida godinezca.

He estado ocupado, eso sí. No sabía que ser community manager fuera algo tan complicado en la praxis, más cuando manejas tres cuentas que están iniciando y conseguir tráfico orgánico es bastante difícil o más bien, laborioso. Por fin entiendo la necesidad de una tablet.

iphone-app-ligarEn mi anodino quehacer un día decidí hacer recurso de las apps y las páginas para conocer chicos. No es un secreto que muchos gays y heteros usan Tindr, Grindr, Manhunt y decenas de apps y websites en los que se puede ligar a gusto ya sea para un buen revolcón –esto del buen revolcón es relativo–, o para un dating y hasta es válido encontrar pareja en estos lares.

Tampoco es un secreto que me encanta el sexting. La noche anterior a mi primer día laboral me había puesto bien calentón con un güey y a la mañana siguiente, por no borrar las fotos: le envíe por error un paquete de imágenes privadas al jefe de recursos humanos de la empresa en la que iniciaba. Podrán imaginar la tamaña metida de pata: vergüenza total. Gracias al cielo, el jefe de RH es todo un profesional: hizo caso omiso y sólo me tocó escuchar un sermón –en privado– y deshacerme en disculpas.

El sexting me pone bien calentón –acéptenlo, a ustedes también–. Días atrás una amiga me dijo que en el mundo hay dos clases de personas “las que hacen sexting y las que lo niegan”. Hay una tercera clasificación: los que no saben usar la tecnología para putear.

Decidí, pues, internarme en el mundo de las citas por internet. Me dije a mi mismo: Cristo, YOLO ya no estamos en el 2007, ahora las cosas son más digitales, virtuales, y hasta el sexo virtual tiene la capacidad de ser real. Digo, actitud siglo XXI a full. Me liberé entonces de unos cuantos prejucios y boom, abri una cuenta aquí, una cuenta allá y listo: ¡A conocer pendejos!

La ventaja de estas aplicaciones y websites es que a diferencia del Facebook uno puede putear a gusto sin que todos se enteren. Además, cuando te encuentras a alguien que conoces, sucede lo mismo que si te lo encontraras en un table, un vapor o un cuarto oscuro: si están ahí es porque están buscando las mismas puterías que tú, es más, segurito que son aun más pervertidos.

Mucha gente las utiliza, tanto que si en el buscador escribes “Apps para” una de los primeras opciones en aparecer es “Apps para ligar” y ustedes y yo sabemos que nada te dice mejor qué está de moda y qué está haciendo la gente en la internet que los cookies.

Pero lo que empezó como un “a ver qué pasa”, terminó volviéndose un análisis sociológico de la fauna y la flora homosexual de Mérida, porque ah, en la viña del Señor, para todos hay y para algunos más que para otros.

Primero me registré sin fotografia porque sí, lo acepto, me daba penita. ¿Qué quieren? Vivir entre tantos mochos doblemorales hace que se te peguen sus cochinas mañas. Así, los únicos que me pelaron fueron los bisexuales casados que no querían mostrar su rostro y los que estaban buscando al amor de su vida. Ni pedo. Next. Cambio de estrategia.

Después subí un perfil con mi foto porque: no soy guapo, pero estoy de moda, putos. Ahí la cosa agarró más sabor pero seguía bien anodina. No más me pelaban los que querían el amor de su vida, algunos viejitos y dos que tres desubicados que se sentían bordaditos a mano –de estos hay muchos en la jungla asfáltica de todo el pinche mundo, y son bien divertidos de hacer enojar–.

Por último, dije otro “a ver que pasa” –por que no se crean igual y me daba miedito que reconocieran a mi amigo inseparable, porque fácil hay varias personas que podrían ver a Criss Jr. y decir: ¡A huevo ese es Cristo!– y subí algunas fotos de mi miembro. mean-girls-raised-hands

A ver levanten la mano quiénes ya vieron mi miembro en la web.

Aquí hay que explicar que las apps para putear en el smartphone funcionan con el GPS, es decir, nos van a enseñar a todos los calentones y buscones que hay en las inmediaciones de no sé cuántos kilómetros a la redonda y obvio, si tú los ves a ellos, ellos te ven a ti.

Y no pues guau. Ahora sí me llovieron solicitudes de amistad y mensajitos de todos los colores. Desde los hola recatados hasta otras cosas que no les voy a contar. Y no es que yo esté así súper guau, pero hay de donde, y bien.

Lo que quiero en verdad contar de todo esto es la cantidad de gente que yo no sabía que era homosexual, o bisexual, o pansexual o sexaholic que me contactó y van desde vecinos, compañeros de la universidad, hermanos de amig@s, primos de amig@s, y cientos de personas que a veces te topas en este infierno –o sea Mérida– y que ni por la cabeza te pasa que se la traguen doblada. Pero sí: se la comen toda.

La fauna y la flora homosexual en las apps es la misma que en la vida real: los mameyes y las divas insufribles: en este rubro también entran los que se quieren hacer a los intersantes y exitosos siendo fracasados. Los que te van a enseñar de qué lado masca la iguana, o más bien, de qué lado traga. Los barebackers que la sola palabra “condón” les altera y ofende. Los osos o más bien los gordos. Los casados con hijos que presumen su hombría y los que les gusta jugar roles más complacientes. Las chicas trans. Y un segmento emergente: los chichifos muertos de hambre y limosneros con garrote. Seria injusto decir que no he conocido a gente agradable y alguno que otro tipo interesante.

En el Gay Animal Kingdom lo más divertido es leer la clase de cosas que la gente publica y descubrirle sus puterías a la gente que conoces o a tus respetabilísimos vecinos, íntegros componentes de la sociedad.

Lo malo de las apps para putear es que ya te vuelves desconfiado de todo el mundo. De por si uno nunca confía en las personas que te dicen cosas como “no tengo Facebook” o “no uso Whatsapp” pero con estas apps como que te pones a pensar más bien a quien tienes a un lado.

Por último, si van a putear por la internet, no se olviden de tomar algunas precauciones:

  • Si cogen usen condón.
  • Definan bien su mercado y terminantemente establescan –para sí mismos, porque a los demás no nos interesa– sus must, sus dos y sus donts.
  • Saber lo que vales no implicar ser mamón. Porque al final estás igual de solo que los que andan en esa app.
  • Sí eres feo no te puedes dar el lujo de ser mamón y este es doble: si ere sun perdedor sin nada que ofrecer: no esperes a un güey en BMW.
  • No intenten hacerse a los insufribles e interesantes: así solo se ven ridículos.
  • Diviértanse.
  • No se estresen o enfades, el que se molesta pierde. Sólo usen la opción de bloquear y listo.
  • No se predispongan aunque como ya dije, tengan claro sus musts, dos y donts.
  • Si cogen usen condón

Cristo Cano.

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Divagancia de agosto: me teñí el cabello y se ve pinches igual.

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A una semana del regreso a clases pasan varias cosas por mi mente. La situación pinta mejor en todos los aspectos a excepción de encontrar un nuevo empleo en algo que en verdad me guste. Es decir, que vivo en la misma situación que miles de mexicanos y no vislumbro cuando esto cambiará. Dicen que hay que mirar el futuro con más ánimos y tampoco es que tenga porque quejarme. Salí este año de viaje, a dos viajes chidos –es que jamás viajo, no me gusta mucho salir de casa–. Conocí chingo de lugares chidos, gente chida y formas de vida diferente. Llegué a la conclusión de que necesito un piso en el Centro Histórico de Guadalajara, o en el Centro Histórico del DF. 

Paso mucho tiempo en casa, ya saben, trabajo desde aquí. Eso y otras chingaderas no sé cuales, me hacen querer salir de la rutina. Pintaré mi habitación nuevamente, de nuevo estoy haciendo mucho cardio e intentando comer saludable –hacer la despensa pensando en la salud sale muy pinche caro–, llevo quince días sin beber ni una gotita de alcohol y bueno la vida continua.

No sé de donde me vino la pinche idea de pintarme el pelo. Problemas con la tinta yo no tengo. Me encantan los tatuajes. Siempre que voy a hacerme uno nuevo siento que me pica alguna parte de mi cuerpo, que está como vacía y necesita tinta para ser perfecta. Así pues, me picaba la cabeza, y sentía que le faltaba personalidad. 

Siempre quise tener el cabello blanco, blanco o lleno de canas. Como los schnauzers, sí los perritos. Son mi modelo de cabello ideal. También son mi raza de perros favoritos. Entonces dije: ¿Y si me tiño el cabello como los schnauzers? Así que empecé a preguntar a varios de mis amigos y familiares sobre lo que opinaban. Sí, me importa lo que la gente diga, ¿Y qué? Opiniones muy variadas y encontradas, desde los que me alentaban hasta los que decían que me matarían si lo hacía. Mi hermana por ejemplo, me recordó que yo no era uno de esos gays que se tiñen el pelo, que qué mierda me pasaba.

Aún sin tomar una decisión en concreto, comencé a cotizar en varios salones de belleza. Los precios variaron dependiendo del estatus del salón pero los procedimientos básicamente eran los mismos: una decoloración extrema y violenta, después la aplicación de un matiz (creo que se refieren al color que tu cabello tendrá), y después muchos cuidados con decenas de productos para mantener el color que elegiste y que no te quede un rubio verdoso tipo Yesenia que trabaja en una bisutería del mercado de la ciudad o como el de Pablito, que se expuso al sol y ahora su cabello tiene un tono naranja muy cercano al que resulta de cuando vomitas unos chetos. 

En todos los salones me dijeron que para obtener el color schnauzer sal y pimienta que tanto quería, el trabajo tenía que hacerse en mínimo dos sesiones. Eso quiere decir que entre la sesión uno y la dos, yo iba a tener que salir a la calle siendo rubio platinado. Las opciones eran usar un shampoo para que quedase gradualmente gris o que me aplicaran un matiz en la sesión dos para que alcanzara el tono sal y pimienta. El problema de todo eso era el inter. Yo no iba a salir a la calle, ni asomarme si quiera, siendo rubio: menos platinado. Y es que a todo esto soy moreno. Mi tes es como blanca donde no me da el sol y tostada donde sí me alcanzas. Como voy en bici a todas partes, muchas veces bajo el sol desnudo, he de decir que estoy bastante tostadito. Menos mal que yo fuera de raza negra, así el platino no se me vería corriente, sino más bien como exótico. Pero no. Soy moreno normalón y salir a la calle con el cabello platinado no era ni de cerca una opción. Le pregunté a los dueños de los salones si me dejaban vivir ahí en sus locales una semana en lo que me aplicaban el matiz, pero sus caras no eran muy alentadoras. 

Eso me desanimó bastante, porque, no sólo el ser platinado una semana era un problema, también estaba el hecho que si no tenía mucho cuidado con mi decoloración iba a terminarse pareciendo al amarillo verdoso Yesenia 23, o al naranja vomito de Pablito 22, del mercado del cual ya hablamos y, ese efecto secundario, no lo iba a tolerar ni un segundito. 

Consulté entonces a los que más saben: los usuarios de internet. Vi como trescientos tutoriales en Youtube y varias opiniones de chicas y chicos que se habían teñido el cabello de gris (aunque ninguno schnauzer como yo quería) y eso dio al traste con todos mis antojos de ser sal y pimienta artificial.

Pero seguía con las ganas de teñirme; éstas no se me quitaban. Entonces me dije a mi mismo: Eres homosexual, Cristo, tienes el derecho divino de teñirte y hacer con tu cabello todo lo que tu quieras. Así que me armé de valor y fui al supermercado a la sección de tintes decidido a comprarme un nuevo colorcito de cabello. 

Al llegar me enfrenté a otro problema. ¿Qué pinche color y qué pinche marca? Hay cientos. Desde las más conocidas hasta las extrañas. De precios varios y tonalidades diferentes. Estaba seguro que no me iba a teñir de chocolate o rubio, la opción era tendencionsamente negro. Ahora que sobre calidad yo no sabía nada. Whatsappié a todas mis amigas y tomé una decisión. Compré un tinte de precio moderado y me regresé a casa decidido a ser negro azulado 21. 

Ya en casa, abrí la cajita y leí el instructivo diez veces. Ya había visto tutoriales en Youtube así que me sentí seguro de mi mismo: al fin que teñirse no es cosa del otro mundo. Me puse los guantes, preparé los menjurjes tal y como indica el instructivo apliqué en todo mi cabello extendiendo el tinte y los cientos de químicos que seguro este contiene. 

Fue un desastre. Tinte por todos lados, en todo el baño, en mis anteojos –éstos casi se arruinan–, todo lo que tocaba lo manchaba, tinte corriendo por mi piel y mis orejas: rollos de papel higiénico para solucionar el desastre y lo peor de lo peor: pasar esperado sentado en el baño 40 minutos de mi vida esperando a que el tinte hiciera lo suyo. Creí que había visto a las suficientes mujeres hacerlo con naturalidad, creí que era bastante fácil. Para mí, un hombre que no sabe nada sobre el tema, no lo fue. Después me enjuagué y apliqué el no se qué mierdesita que la cajita trae para cuidar tu cabello y bueno. Lo demás es historia. 

Ya sé que pasé por todo un largo proceso solo para dejar mi cabello negro, y la diferencia no es demasiada pues antes era castaño, pero fue bastante entretenido.

Ahora están los manchones en mi piel. De nuevo consulté a una amiga y me dijo que se irían con crema corporal y que era mejor si agregaba a la crema una poca de cenizas de cigarro. ¿En serio, cenizas de cigarro? ¿No están jugando? Aunque supongo que el principio de la ceniza está correcto pues con ella se fabricaron los primeros jabones… a saber. 

Después me advirtieron que nada en esta vida es eterno, y que en las primeras lavadas vería correr el tinte. ¿En serio? No mames, que fiasco. Resulta que debo comprar un shampoo para cabello teñido y la mamada. Esta vida es muy cara.

A todo esto no sé por qué mierda me dio por teñirme. Supongo que es parte de mi rebeldía tardía que me llegó a los veintitantos. Esperemos que esa rebeldía se quede ahí y no me den ganas de no se, un día salir de drag a un antro de la ciudad. 

La vida sigue pues, y un nuevo semestre viene en camino. Recen por mí. 

Cristóbal Cano.

Divagancia de Mayo y ajá, Feliz día de la Madre que te parió.

Snapshot_20140509No he dormido nadita desde ayer. Me emborraché. Lo que no es novedad, pero traía ganas de escribir algo y pues no sé me ocurría como empezar más que por la razón por la cual me dieron ganas de escribir. Y me digo, pues a huevo, si para eso tienes un blog, que igual y nadie lee, pero ahí lo tienes y puedes escribir lo que se te ocurra. 

Se trata de eso ¿No? De una divagancia, de un deambular entre las ideas y las palabras, pero lo que yo les quería contar es mi día de ayer. La cosa está así: los 09 de mayo, me pongo o muy feliz o muy triste. Muy feliz cuando estoy con él, porque cumple años ese día, o muy triste, cuando estoy sin él como ahora que estamos bien alejados; como ayer, ni nos hablamos, ni nos pelamos, ni nos volteamos a ver. Igual y ya es la definitiva y como todos dicen, debo de dejar de pensar en pendejadas y aceptar que ya se fue, que se fue pa’ no volver. Pero no. Porque cuesta. Deshacerse de la idea de la persona que amas y de todos sus recuerdos, sus recovecos y los resabios que transmitió a punta de sexo increíble, pues no es fácil. 

Regresando al día de ayer: cosa es que ayer también terminamos el proyecto de mercadotecnia política, y los compañeros del salón decidimos embriagarnos. Les digo que no es novedad. Pero antes de todo el etanol, me pasé por su casa –sí, cual stalker, de mi ex pues, para que ya me entiendan– sin decir nada, sin hablarle, no más para ver si estaba, y si no estaba, iba a ser bien difícil saber porque ni modos que me metiera a su cuarto. Pero sí. Sí estaba. Haciendo hot dogs. Siempre en su cumpleaños hace hot dogs, no sé porqué. Tal vez es por lo homosexual digo: le encantan las salchichas. Lo vi desde la ventana, usanba el tenedor para mover lo que sea que cocinaba, que yo digo eran hot dogs. No me bajé de la bici, di vuelta en U, me regresé a casa de una amiga, donde luego me tomé un xanax y me puse a beber todo lo que pude. Que ni fue tanto. Pero ahí me fueron dando las 5 am y yo despierto y ecuánime escuchando a Keane porque con Keane me ha dado por llorar bajo la regadera en estos días. Mi amiga me quitó la computadora porque ella no traía ganas de llorar a las 5 de la mañana. Yo estaba ebrio, pero no como otras veces: esta vez mesurado, como con falta de ánimos, sin hacer desfiguros, sin nada de qué arrepentirme al día siguiente. Entiéndase día siguiente cuando sale el sol, sale el sol y dices “¡Verga, me acosté con ese cabrón!”. No, nada de eso pasó esta vez. Nada de que avergonzarse. 

Tomé mi bici como a las 8:30 y pedaleé contra el viento unos 7 kilómetros para llegar a casa. Los mismos 7 kilómetros que la noche anterior había recorrido para ver a Rafael, con el pretexto claro, de irme a embriagar a casa de una amiga que vive a unas cuadras de su casa. Que triste se ha de leer todo esto. Ni me importa. E igual y sí, sí me importa y como muchos blogueros no más ándole contando mi vida a quién sabe quién, en quién sabe donde para llamar la atención y no sentirme tan de la mierda; tan solo. 

Pensé en ir a verle. Otra vez. Por la mañana. Como para felicitarlo en 10 de mayo, o sea en su cumpleaños pero ya no en su día. Como para suavizarme las cosas ilusamente. Nada. No me me animé. Me acobardé según yo; eso, o recobré la cordura, la dignidad, de no ir a rebajarme y a arrastrarme por un cabrón. Quién sabe. Ahí juzgue usted querido lector. 

Durante el camino de regreso a casa me tocó la resaca. La boca seca, el dolor de cabeza, la sensación y el pensamiento de: “¡Puta madre, para qué tomé tanto!”. Se me antojaron unas tortas de cochinita en el camino –para curar la cruda–, pero después de todas las calorías del ron y del vodka igual y me esfuerzo mucho para no probar bocado en toda la semana. Así que no compre nada. Bueno sí. Ya en el centro compré una flor. Un chico iba pasando con una rosa y dije: “Chale, para su enamorada”. Luego me acordé del 10 de mayo. Que es día de la madre. 

Para no verme tan pinche, pasé al centro y le compré una rosa a mamá. Una de esas rosas pinchísimas, de 15.00 pesos. De esas con papel celofán y unas ramitas de sabrá Dios qué planta y que son súper kitsch. Ya con la baratija en la mochila, pedaleé el kilómetro y medio que me faltaba para llegar a casa, siempre con el pinche viento del este haciéndomela de instructor de spinning. Yo, con cero motivación y con resaca, sorteando a los automovilistas que se pasan de ojetes no más porque andas en bici. Llegué a casa y antes de que mi madre me oliera las tristezas y el aliento a alcohol de precio accesible: le di la rosa pinchísima y un abrazo mal dado. Les digo que no quería que me oliera ni el alcohol ni las tristezas.

Mi pobre madre, aceptándome una jodida rosa cuando a ella ni la gustan las flores. Fingió que le gustó. Yo sé que no. Mi madre no es de esas, de esas madres que las compras con algo tan chafa. Creo que a ninguna madre se la compra con una rosa. Son regalos paliativos. Ni decir que te acordaste, con eso no es suficiente. Para una madre, lo que verdaderamente importa, lo que a ellas –o al menos a la mía– en verdad le gustaría es que no sé: le liquidaras las tarjetas de crédito, o mínimo te lucieras con una mensualidad. Pero aceptan las rosas porque son educadas, porque no les queda de otra. Fingen que les gustan porque te aman, y porque ya te parieron, y ha de ser una joda el haberte parido y que tú, en un jodido 10 de mayo, le caigas no más con una rosa. Pobre de mi madre. Se merece su mensualidad de la tarjeta. Prometo pagársela. 

Ya ahora escribo esto desde la comodidad de mi hogar. Necesito dormir pero la adicción a la internet no me deja. Me tomé un otedram al empezar a escribir la entrada. Ya me dio sueño. Ahora sí me iré a dormir. 

Felicidades a todas las madres, sea por lo que sea que lo son, y como lo sean. También a algunos papás que la hacen de madre. Aunque eso de las felicitaciones a las madres ya es como peligroso en la internet. Salen las feminazis a decir que no hay que felicitarlas porque es machismo, quesque son cosas propiciadas e inculcadas por la cultura patrialcal; pero si no las felicitas, también eres machista porque no les das su lugar. En fin, a las feminazis nadie las entiende, ni ellas, pero aún así felicidades a todas las feminazis por ser mujeres y a las que son madres: pues por ser madres. A pesar del dolorosísimo y horrible parto, ha de estar chingón poder gestar vida. O como sea que se diga, dar a luz, hasta por cesárea. Felicidades pues. Son rete chingonas. 

 

Cristóbal Cano.

Samantha y el ladrón de bicicletas.

Advertencia: este post debe leerse en sintonía con la canción “Hallelujah” en versión de Rufus Wainwright, la cual pueden encontrar en la siguiente liga: http://www.youtube.com/watch?v=y6ubYV8yq4g.

 

Samantha. Samantha es mi bici. O bueno, lo era. Hace un año llegó a mi vida en un momento atribulado en el que yo, sinceramente, necesitaba escapar de mi triste realidad. Samantha fue un regalo. El mejor regalo. ¿Por qué? No sólo por ser un medio de transporte sustentable, y todos los beneficios que eso conlleva, sino que, además, era roja, con su freno de disco, suspensores, veteada de negro y blanco, con un caballito hermoso y unas ruedas que olían genial. Samantha no era una bici, era LA BICI. Y bueno, para que vean lo sexy que era, aquí les dejo una foto.

532208_264704180375012_1683890299_nMi bici representa mi libertad, cosa que exprimí en este año. No dependía absolutamente de nadie, más que de mi mismo, de la fuerza de mis piernas, de acero de Samantha y del caucho de sus ruedas, pero ella siempre estaba ahí para llevarme a donde sea. Lista para mí. Sin hacer preguntas. Sin quejarse. Incansable. Valiente, veloz.

Samantha me llevó a muchos lugares impensables y con ella entré a algunos otros de los cuales no estoy muy orgulloso. Me ayudó a escapar de algunos gañanes una vez que paseaba con ella cerca de la media noche. Samantha me ayudó a bajar de peso. Samantha hizo fuerte mi corazón y no estamos hablando de la reducción de mis niveles de colesterol precisamente.

Entonces ayer, martes 25 de marzo, un aciago día del 2014, ocurrió lo inimaginable. Un hijo de puta hurtó a Samantha mientras yo estaba aprovechando el martes de frutas y verduras en el supermercado.

El incidente ocurrió más o menos a las 7:20 de la noche. Llegué al súper y estacioné a Samantha en los racks destinados para las bicicletas. Por mi mente paso el clásico “ponle cadena”, pero en esas, me abordó el cuidacoches, el “viene viene”, quien le puso a Samantha una cuerda con una ficha y un número pintado en ella, y a mí, me dio otra ficha que correspondía al número que ya Samantha tenía asignado. Entonces me confié. Y dije, pues este cabrón la ha de cuidar.

No es por presumir pero, como no ver a Samantha, la bici más guapa de cuadra, entre puras bicicletas viejas y chorreadas. La elección era obvia. Para no hacerles el cuento largo. Entré al súper y realicé mis compras. Al salir, desde unos 30 metros divisé que Samantha ya no estaba. Entonces mi corazón empezó a latir con desesperación. Corrí hacia los racks, bolsas en mano, y al llegar sólo confirmé lo que ya sabía. Habían robado mi bici. Sentí todo lo que una persona puede sentir como cuando el amor de su vida lo abandona. 77981-crying-in-the-shower-gif-docto-WZVO

Corrí con los guardias y pedí ayuda, pedí que revisaran las cámaras de seguridad. Los cabrones me dijeron que ninguna de las 4 cámaras en la zona puede girar y puede ver hacia los racks, los cuales están frente a la puerta de la plaza. Empecé a argumentar cosas que ya no vienen al caso y que ya les conté a todo el mundo el día de ayer. Eso… eso ya no tiene mucha importancia.

Lo que sí la tiene es que espero que el hijo de puta que se llevó a Samantha, acabe bajo las ruedas de un autobús. Y es que no sólo me quitó mi medio de transporte ecológico y sustentable, sino que, además afecto mis tiempos. Afectóme emocionalmente porque Samantha fue un regalo, porque yo en verdad la quiero mucho, y porque Samantha me ayudó muchísimo en mi proceso de recuperación. Samantha me hacía una mejor persona. Ahora, todos tendrán que soportarme encabronado todos los días.

Dicen que la ocasión hace al ladrón… espero que haya ocasión para joderlo. El “viene viene”, a quién no identificaré, llegó a un acuerdo monetario conmigo el cual si bien, no es la cantidad exacta del precio de Samantha, menos su depreciación mensual, es algo significativo y que, aunque tengo derecho a recibir compensación por mi pérdida, el hecho de recibir dicho dinero no me hace sentir bien. Yo no quería joder a nadie.

En fin. Me quedan los bonitos recuerdos con Samantha. Y los horribles deseos para quien se la robó. En esta vida todo se devuelve y a veces por triplicado.

 Cristóbal Cano.

 

Feliz 2014

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En Noche Vieja hay cierto misticismo y felicidad, nostalgia y cierta esperanza en el porvenir. Todos –o al menos la mayoría– entran en estado de liberación, una catarsis colectiva que únicamente consiste en un día de descanso en nuestros empleos, una cena copiosa y una borrachera tremenda (espero). Y ya con eso como que erase and rewind, tabula rasa, la rueda comienza de nuevo a girar. 

Y así. Un año se va, y un año llega. Supuestamente todo derivado del tiempo que tarda el planeta en darle una vuelta completa al Sol, y los ajustes gregorianos más las cuestiones científicas. Pero todo eso, el saber el por qué celebramos, que es, básicamente una cuestión astronómica y establecida socialmente de forma deliverada, no le quita lo esotérico a este día en el que uno se lamenta o se congratula con lo que durante los 364 días anteriores hizo. 

Para mí también es importante dejar registro de mi año. Así nadie lo lea, es costumbre para mí escribir en mi blog (desde que lo tengo), algunas cuestiones que ocurrieron en el año para que alguien, algún día con mucho tiempo, pueda perderlo entre mis divagaciones y devenires y alguna que otra estupidez escrita en este post. 

Así pues, para mí este fue uno de los años más difíciles de mi vida. Uno nunca sabe cuán mal puede estar, hasta que lo está. Uno cree conocer el sufrimiento, pero –créanme– siempre se puede sufrir un poco más. Este año lo comprobé de verdad y les prometo, intentar no volver a experimentarlo. La vida se me iba y yo iba a dejar que se me vaya. El piso de arriba se ve tan tentador por momentos que bueno, tal como Herman Hesse dice, no es que uno vaya a tomar la navaja de afeitar y cortarse la garganta, pero es un alivio saber que la navaja de afeitar está ahí para nosotros cuando en verdad la necesitemos.

Gracias a mi familia por el apoyo brindado a lo largo de este año que pareció eterno. Gracias infinitas a mis padres y a mis hermanos. Un agradecimiento especial a mis amigos cercanos que también estuvieron ahí durante todo este proceso caótico, aplastante y trepidante. A pesar de todo fue un año de mucho aprendizaje y bastante evolución personal. También fue un año sumamente divertido, etanolado y con regusto a benzodiazepina lo que lo hizo aún más especial. Proyectos en puerta: ninguno. Objetivos: en eso ando. Misión, visión y valores: redefiniéndolos, pero si hay algo que puedo contarles es que vale la pena quedarse y eso lo sé, porque cuando ese auto casi me arolla, yo, salté para esquivarlo. 

Personas se van, otras vienen, algunas se van y regresan intermitentemente; algunas por decencia hagan el favor de no volver. Las cosas cambian y tal como Heráclito dijo: “nadie se baña dos veces en un mismo río”. 

¿Qué espero? Lo mejor para el 2014… es un año de número par, así que esperemos que el caos no reine en él. Lo mejor para mi familia y mis amigos, y lo mejor para mi país que está más roto que yo, más enfermo. Lo mejor para toda esa gente que está allá afuera y que no conozco, pero que tal vez algún día conoceré. 

Gracias. Y Feliz 2014. 

Cristóbal Cano.

Encuentro con Asia: Ma’ Ya’ Ab Art Lab y entre los performers te veas.

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Performance de: Verónica Santiago.

Siempre he sido muy escéptico del arte contemporáneo, del conceptual y de todas esas corrientes que de una u otra manera intentan “romper esquemas” “paradigmas” y cualquier otro concepto parecido que los performers empleen para argumentar sus presentaciones. No me trago lo conceptual, me indigesta. 

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Performance de: Atsuko Yamazaki.

Yo estaba preparado para criticar y decir que todo era mierda… pero, entonces, me acerqué, comencé a observar y como siempre, a hacer preguntas.

Ya subidos al burro, tuve la oportunidad de charlar con Alejo Medina y Verónica Santiago –Pertenecientes a La Rendija— en momentos diferentes de la presentación. El uno, me explicó la dinámica del laboratorio: se trata de un encuentro entre performers asiáticos (especialmente de Japón, Taiwán y Vietnam), performers de origen yucateco y otros que residen en nuestro estado. Se presentan en orden aleatorio, por medio de un sistema de sorteo y cada performer tiene aproximadamente 12 minutos para realizar su intervención. No tienen un argumento ni una linea a la cual ceñirse; los performers pueden presentar –a lo largo de las cuatro presentaciones– el mismo acto o cambiarlo totalmente. La otra me habló un poco sobre las acciones en tiempo real, el valerse del entorno. Se trata entonces de acciones no de historias, de interacción con el entorno, con el tiempo y espacio, con otros individuos y consigo mismos. Además de un contraste entre las técnicas locales y las asiáticas. 

Presentación de: Verónica Santiago

Performance de: Verónica Santiago

Al principio yo estaba medio sacado de pedo, no estaba seguro de a cómo, cuándo y dónde, menos el qué. Pero después de las primeras presentaciones le fui agarrando la onda y es que algunas tienen un significado bastante profundo; o al menos, eso es lo que a mí me pareció ya que como cualquier performance, éstos envían mensajes abiertos a la interpretación de los receptores y cada uno, de acuerdo a su conocimiento previo, vivencias y experiencias le puede ir buscando más pelos o más señales. 

Todo me iba remitiendo al trabajo de T. Hall y sus sistemas de mensajes primarios. Así entendí –váyanme corrigiendo porque avezado en los temas artísticos, la mera verdad, no soy– que el chiste de todo esto es la interacción. ¿Y cómo no interactuar si la interacción misma es estar vivo? Me van a pendejear. Pero sí.

Performance de: Atsuko Yamazaki

Performance de: Atsuko Yamazaki

Las presentaciones también irritaron el entorno y al público. Algunas propuestas muy intersantes y al menos para mí, cargadas de significación como la realizada por Atsuko Yamazaki que nos regaló a los presentes algo que considero, fue un lindo detalle y nosotros, simplemente lo aceptamos. Otra muy significativa fue la de Tomás Gómez el cual, parte de su intervención estuvo “limpiando” el área en la cual previamente se había presentado, trabajado, alterado. Verónica Santiago, contó acciones con su cuerpo al ritmo de unas cumbias en un puesto ambulante de películas y CDs.  Las intervenciones al cambiar de entorno, también se modifican en pos de los recursos disponibles, lo que también puedo llamar “adaptabilidad” y ahí le paro, porque tampoco soy muy fan del arte que requiere derroche de alusiones intelectuales para explicarse. 

Como antes dije: no estoy listo para aplaudirlo, pero al menos, después de introyectarlo puedo decir que quizá comprendo un poco más. Supongo que para cada quién las presentaciones del laboratorio connoten cosas diferentes, e incluso, puede que nada de lo que yo he percibido tenga que ver con las intensiones de los performers, pero tal vez esa la idea. 

Acción, por supuesto… ¿Qué si es arte? Juzgue usted. La moraleja de esta historia es que hay que acercarse a ver; y hay que interactuar para comprender. 

La próxima presentación será el 13 de octubre de este año, en el Olimpo. 

 

Performance de: Tomás Gómez.

Performance de: Tomás Gómez.

Cristóbal Cano.

Aerosol, talento y un poco de fuego.

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David en la faena.

Siempre me he preguntado por qué hay tanto pendejo en las escuelas de arte de Mérida.

Sin esperarlo me encontré a quién me fue presentado como David Silva, un artista callejero que no sólo hace increíbles pinturas, sino que además ofrece un buen espectáculo mientras las realiza. 

Paseando por las calles de nuestro hermoso centro histérico, sobre la calle 63 en las faldas del Chapur, se encontraba un tumulto espectante. Como siempre, pensé que se trataba de un merolico intentanto estafar a la gente con cuchillos que supuestamente cortan hasta el acero, pero no, por suerte, se trataba de un cabrón muy chingón haciendo un poco de arte. 

Con simples piezas de cartón caple, aerosoles, su talento y un encendedor, David realiza pinturas en cuestión de segundos. Se ayuda de algunas formas geométricas y unas que otras figuras hechas en stecil, pero básicamente los diseños salen de su cabeza y de sus manos. Para lograr su destreza es lógico que ha de haber practicado por muchas horas lo que da gran mérito a su trabajo, y es que además, al adquirir una de estas piezas uno puede estar seguro que son prácticamente únicas.

Me vio la cara de pinche nerdazo amante de la ciencia ficción y me compró con este cuadro el cual básicamente es una fumada futurista espacial con regusto a portada de álbum de Iron Maiden y toques de publicidad sodinera de la vieja escuela (no sé precisamente en qué orden). 

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Asimoviano Sonidero.
Por: David Silva.

Silva ofrece a su público múltiples y variados diseños: desde conceptos asimovianos como el que yo ahora tengo, hasta cálidos y afables paisajes de una tarde soleada en la playa, montañas nevadas, bosques, flores y frutas y animales. Los precios son accesibles por lo que no está demás apoyar el arte callejero, ese que firmemente creo, a veces es mejor que la anodina basura que se enseñan en las escuelas. 

Recomendaciones: Parece divertido, pero por favor no lo intenten en casa. 

Cristóbal Cano.