Lírica

Poema Número 20.

Pues que me dieron ganas de postearlo, porque es mi poema favorito. Además que con la carga emocional que traigo me viene a bien. El post viene con dedicatoria para los que saben leer entre líneas. Espero que lo disfruten tanto como yo, y se tomen la molestia de leer por ahí, la colección de 20 poemas de amor y una canción desesperada del señor Pablo Neruda, la cual fue publicada en 1924, cuando el chileno contaba con apenas 19 años de edad –cosa que me hace pensar que yo, tengo esa misma edad, y no he hecho nada que sea digno de tanta mención… Dios, estoy perdiendo el tiempo–.

Poema Número 20

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a los lejos”
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.


Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.


La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.


Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.


Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Que importa que mi amor no pudiera guardarla.


La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.


Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.


Mi corazón la busca y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles,


Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuanto la quise.


Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.


Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.


Es tan corto el amor y tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.”


Pablo Neruda. 

Dxi gueela´ gaca´diidxa´.

Este libro lo compré porque el nombre en zapoteco me llamó mucho la atención, y es que tengo un gusto y fascinación por las lenguas indígenas o dialectos de México. Desgraciadamente por falta de tiempo, exceso de olvido, o por no buscar los espacios y gente correcta, no he podido aprender ni siquiera el maya, que tan cerca tengo en la ciudad de Mérida.

Así pues, este libro es un compendio de poemas del escritor Esteban Ríos Cruz, el cual lleva por nombre Dxi gueela´gaca´diidxa´, lo que en español significa: “Cuando la noche sea palabra”. Poema con el que inicia el libro, y que tanto me ha encantado, que terminé por tatuarme su título en la espalda. Nuevo tatuaje que hizo a mamá enfadarse mucho y dejarme sin comer un par de días; cosa que bien ha valido la pena, pues el tatuaje se mira bien, y además es de uno de mis poemas favoritos.

Para que se den un quemón, aquí les dejo el poema  transcrito primeramente en su idioma original, el zapoteco, y después su traducción al español, para todos aquellos que, no entendamos una sola palabra del zapoteco, pero nos encante el conocerlo.

Zapoteco:

 Dxi gueela’ gaca’ diidxa’

Dxi gueela´gaca´diidxa´

zazaya’ lo ca neza xti’ guendalúgulu’

Zabidxá’ lalu’ ne guendarieche’ xti’ yuze

ti gabda g´´unacabe ni ra noo ca beleguí.

Ti be’za’ bixhidú’ ziaba lo guiduladu,

chaahuigá, sica ti nisayé nandase lo beeu chii.

Zahuayá’ biitu’ riini’ xti’ guendariacaaxla’ dxu’,

ziaa nisadxu’ni’ naxiña’ rini xti ca guidiruaalu’.

Yaga bidxi xti’ tubi si bele,

zacaguinu’ sica chupa belechita zeeda cheza guibá’.

Español:

Cuando la noche sea palabra.

“Cuando la ncohe sea palabra,

andaré los caminos de tus ansias.

Gritaré tu nombre con júbilo de toro

para que se escuche hasta las estrellas.

Un racimo de besos caerá en tu piel,

lentamente, como una llovizna de octubre.

Te morderé el cogollo de los suspiros,

escanciaré el vino de tus labios.

Ramas secas de la misma hoguera

arderemos como dos astros surcando el cielo.”

Por: Esteban Ríos Cruz.

Espero que les guste tanto como a mí. Y si no, pues ni manera.

Cristóbal Cano.

Me encanta Dios: Jaime Sabines.

Por azares del destino, hoy en mi empleo, me puse a leer este bonito poema de Jaime Sabines, titulado Me encanta Dios. No soy ese tipo de persona que se sabe mil poemas de infinidad de autores, sólo recuerdo alguno de Manuel Acuña, y dos que tres de Neruda. Este me ha gustado mucho, y deseo compartirlo. Espero le encuentren sentido tanto como yo le he encontrado.

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida –no tú ni yo– la vida, sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang… Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho –frente al ataque de los antibióticos– ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.

Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia , y se agita y crece, cuando Dios se aleja.

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

Jaime Sabines.

Viaje a ítaca

Tenía yo la esperanza de no olvidar mi wordpress, y es que mi blog esta tan empolvado que creo que las arañas ya han hecho de las suyas. No acostumbro hablar mucho aquí de mi vida personal, pero para que entiendan el fin de este post es necesario hacerlo.

Hace una semana que concluí la preparatoria, y por obra nepótica de mi hermana (jajaja) ahora me entuentro laborando en una empresa, soy el almacenista. Trabajo el cual se me está haciendo ya bastante pesado: Cargo frutas todos los días; me la vivo entre notas y facturas; tengo que estar en constante orden, cosa que para mí es fatal; y lo peor de todo es que tengo que levantarme a las 5:00 am. La paga es buena, pero sí que se me esta haciendo difícil aquello del horario. En fin, platicaba ayer con mi maestra de periodismo -aquella con la que tomo un diplomado- y al comentarle mi situación me habló sobre un poema:

Konstantínos Kaváfis.

ÍTACA.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

Me ayudo muchísimo a levantarme el día de hoy, y sé que me servirá en toda mi vida, espero que las personas que aquí le lean les sirva de utilidad, y es que hay demasiadas Ítacas a donde llegar, pero ha de ser más gratificante el viaje.

Espero escribir pronto.

Cristóbal Cano.

Sin título 1

Brotan sollozos arrepentidos

De este corazón que por ti ha latido.

Porque en el mar de tus labios

Una vez los míos se vieron perdidos.

La noche llena de elixir embriagante;

Luceros nocturnos con son hilarante.

Ingredientes que mi cuerpo hicieron caer;

Tentación que causó tu dulzura perder.

Como olvidar el sabor de tu piel;

Como olvidar el sabor de tu boca;

Sabor que hace a mi razón tornarse loca,

Y hace amarga parecer a la miel.

Tus muslos siempre bienaventurados

Son mi delirio, mi perdición,

Son mi inalcanzable posesión:

Látigo de tu hermosura a mis deseos desesperados.

Y aunque gran dolor contienen mis pensamientos

Encuentro placer en mis recuerdos.

Placer por tu vientre lamer;

Placer por tu boca y tu cuello morder.

Entonces bendigo el efímero instante;

Aquel silencio de tu voz murmurante

En que tu cuerpo fue hacia el mío,

Con sutil regocijo, con tus ojos tan fijos.

Y así por los años prevalezca mi pesar;

No olvidaré la noche fugaz:

En que el fuego de mi boca

Con tus labios viniste a calmar.

Cristóbal Cano.

“La niña de Guatemala”

Este es un poema de José Martí, el cual yo leí por primera vez cuando estaba en primero de secundaria, hace 7 años ya. Este fue el primer poema que leí y del cual me enamoré. En ese entonces formaba parte del contenido de los libros de texto gratuitos para secundaria, en la materia de Español. Espero que les guste.

La Niña de Guatemala


Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente —¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.

José Martí