AñoNuevo

Feliz 2014

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En Noche Vieja hay cierto misticismo y felicidad, nostalgia y cierta esperanza en el porvenir. Todos –o al menos la mayoría– entran en estado de liberación, una catarsis colectiva que únicamente consiste en un día de descanso en nuestros empleos, una cena copiosa y una borrachera tremenda (espero). Y ya con eso como que erase and rewind, tabula rasa, la rueda comienza de nuevo a girar. 

Y así. Un año se va, y un año llega. Supuestamente todo derivado del tiempo que tarda el planeta en darle una vuelta completa al Sol, y los ajustes gregorianos más las cuestiones científicas. Pero todo eso, el saber el por qué celebramos, que es, básicamente una cuestión astronómica y establecida socialmente de forma deliverada, no le quita lo esotérico a este día en el que uno se lamenta o se congratula con lo que durante los 364 días anteriores hizo. 

Para mí también es importante dejar registro de mi año. Así nadie lo lea, es costumbre para mí escribir en mi blog (desde que lo tengo), algunas cuestiones que ocurrieron en el año para que alguien, algún día con mucho tiempo, pueda perderlo entre mis divagaciones y devenires y alguna que otra estupidez escrita en este post. 

Así pues, para mí este fue uno de los años más difíciles de mi vida. Uno nunca sabe cuán mal puede estar, hasta que lo está. Uno cree conocer el sufrimiento, pero –créanme– siempre se puede sufrir un poco más. Este año lo comprobé de verdad y les prometo, intentar no volver a experimentarlo. La vida se me iba y yo iba a dejar que se me vaya. El piso de arriba se ve tan tentador por momentos que bueno, tal como Herman Hesse dice, no es que uno vaya a tomar la navaja de afeitar y cortarse la garganta, pero es un alivio saber que la navaja de afeitar está ahí para nosotros cuando en verdad la necesitemos.

Gracias a mi familia por el apoyo brindado a lo largo de este año que pareció eterno. Gracias infinitas a mis padres y a mis hermanos. Un agradecimiento especial a mis amigos cercanos que también estuvieron ahí durante todo este proceso caótico, aplastante y trepidante. A pesar de todo fue un año de mucho aprendizaje y bastante evolución personal. También fue un año sumamente divertido, etanolado y con regusto a benzodiazepina lo que lo hizo aún más especial. Proyectos en puerta: ninguno. Objetivos: en eso ando. Misión, visión y valores: redefiniéndolos, pero si hay algo que puedo contarles es que vale la pena quedarse y eso lo sé, porque cuando ese auto casi me arolla, yo, salté para esquivarlo. 

Personas se van, otras vienen, algunas se van y regresan intermitentemente; algunas por decencia hagan el favor de no volver. Las cosas cambian y tal como Heráclito dijo: “nadie se baña dos veces en un mismo río”. 

¿Qué espero? Lo mejor para el 2014… es un año de número par, así que esperemos que el caos no reine en él. Lo mejor para mi familia y mis amigos, y lo mejor para mi país que está más roto que yo, más enfermo. Lo mejor para toda esa gente que está allá afuera y que no conozco, pero que tal vez algún día conoceré. 

Gracias. Y Feliz 2014. 

Cristóbal Cano.

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