Latinoamericana

Las Chicas de alambre.

773_9789587583540_sant

La cosa hoy va de Las Chicas de Alambre de Jordi Sierra i Fabra, autor que según leí, en Wikipedia por supuesto, ha escrito casi una centena de novelillas y ha obtenido varios reconocimientos a lo largo de su  carrera.

Este libro me lo encontré en Facebook. Como ya todos han de saber –yo incluso tuve unos meses mi venta de garage en Facebook– hay una red impresionante de personas que compran y venden toda suerte de cosas, muchas nuevas y otras de medio peluche. Lo que gustes, en serio, sólo tienes que buscarlo en Facebook y seguro alguien te lo vende. Así pues, encontré varios libritos de la Serie Roja de Alfaguara por $25.00 M\N.

Las Chicas de Alambre cuenta la historia de un periodista Jonathan Boix, hijo de dos periodistas reconocidos, quien se embarca en una aventura internacional para encontrar a una ex modelo que lleva 10 años desaparecida: Vania, una modelo que a finales de los 80 era de las más importantes tops de la época y que desapareció sin dejar rastro después de la muerte de sus mejores amigas Cyrelle y Jess Hunt. 

Las tres modelos internacionales eran conocidas como las chicas de alambre por su extrema delgadez, sus lánguidas miradas y su aspecto famélico pero elegante, sofisticado y encantador. La muerte de Cyrelle y Jess tuvo que ver con las drogas y una vida vertiginosa que engulle a muchas de las celebridades que están en la cima del mundo. Después de sus decesos, Vania, desaparece sin dejar rastros de su paradero y Jonathan se encarga de buscarla por todo el mundo siguiendo muy malas pistas y tratando de armar un artículo que concluya con el esclarecimiento de la pregunta que ha estado en el aire por diez años ¿Dónde está Vania? y aún más importante: ¿Está viva o muerta?

La historia me pareció bastante mediana. Historia de aeropuerto, ideal para leer cuando no quieres escuchar a la persona que tienes a un lado y el viaje en el que te encuentras no es tan largo.

El autor disfruta con darnos detalles que por momentos se agradecen y por otros están de más, como cuando explica a sus lectores que es un sitcom, hecho que me pareció de lo más soso e innecesario en la novela. La historia daba para más. Aunque no se tratara de una novela negra el tema del asesinato pudo abordarse de una forma más interesante.

Algo que me molesto fue que el protagonista recorre el mundo para buscar pistas, mismas que no encuentra y que termina hallando justo en el lugar en que inició su viaje. Encuentra todos los detalles que necesita en una caja de fotografías y postales viejas que siempre estuvo en posesión de la tía de Vania, quien ha de ser una estúpida, pues en los diez años de desaparición de la top model, nunca se molestó en leer el remitente de unas postales viejas en busca de su paradero. Jon Boix, también es un personaje plano y muy moralino que ve a todos los demás desde un pedestal intelectual. Supongo que ese es el mal de los periodistas o de los que intentamos algún día serlo. Sin embargo por momentos me resulta chocante. 

En lo particular no es un libro que me haya gustado, pero tampoco deje de leerlo a riesgo de quedarme sin nada que leer en estas vacaciones. 

 

Cristóbal Cano. 

 

La Novia Oscura

Publicada en 1999 y ahora reeditada por Alfaguara, La Novia Oscura es una novela de investigación y ficción, escrita por Laura Restrepo, una de las autoras más destacadas de Colombia.

La Novia Oscura nos habla de La Catunga, Tora, un pueblo ficticio a las orillas del río Magdalena, cuya particularidad es ser la zona de tolerancia más grande e importante de Colombia. Surge en La Catunga la historia de Sayonara, niña mestiza de ojos chinos y largos y frondosos cabellos negros, quien con el tiempo se convirtiera en una seductora mujer, y en la prostituta más reverenciada de Tora. El personaje de Sayonara, está rodeado por halo de eterno misterio y como mujer se muestra muchas veces inasequible, indómita, altiva y sobre todo ensimismada en dubitaciones que nadie más que ella conoce.

Como Sayonara ya no es más que recuerdo, para llegar a ella tienen que escucharse las voces que la remembran. Voces testimoniales como la de Todos Los Santos, prostituta y matrona quien albergó en su casa a la Sayonara, y quien la adiestró e introdujo en las artes del amor pagado; voz como la de Sacramento, el niño idealista que quería componer la humanidad y que ya de grande, no pudo lograrlo; las anécdotas de Olguita, prostituta atacada por la poliomielitis pero muy diestra y avezada del oficio amatorio; los vericuentos de la Machuca, puta letrada y ávida de pasiones que no son de su época; también hay que escuchar a la Fideo mujer enjuta que se niega a morir en su hamaca, no sin antes aportar ella también sus memorias al imaginario colectivo que conforma el misticismo Sayonara. Estos y algunos otros testimonios como el de Mister Brasco o el de los hermanos Mantilla proveen los hilos a una mujer periodista que después urde la trama que nos revela a Sayonara, la bienamada, la novia oscura, la que lleva en el nombre el mismísimo adiós.

Transitando las calles de Tora, también se recorren esas memorias que conforman no sólo a Sayonara, sino a una parte de la sociedad tan mitificada, rechazada y a veces atisbada de pobreza. La novela en cierto modo dignifica a la puta pero no de una forma idealista, no las vuelve heroínas, no las compadece ni exime de responsabilidad y menos aún las justifica en sus porqués. Por el contrario, las muestra humanas, con móviles y con pasiones, con pesares, con errores y esperanzas. 

Las prostitutas de La Catunga atienden principalmente a los petroleros de la Tropical Oil Company, quienes periódicamente bajan al pueblo de Tora para enterrarse en el calor de la entrepierna de una mujer que es suya hasta donde su dinero pueda pagar. La Estación 26 de la Tropical Oil Company se alza en la selva como un faro de progreso, de  modernidad y de bienestar entre la inmundicia, la pobreza, la hambruna y la cólera que atacan a los pueblos cercanos y es por eso que los hombres viajan desde lejos para poder encontrar empleo en ella. Tal es el caso de Sacramento, quien parte para La Troco con la misión de hacerse de fortuna y así sacar de la vida indigna a Sayonara. “¡Llegaron los peludos!” gritan las mujeres de Tora, al ver que ya se acercan los hombres de cuerpo curtido que después de trabajar arduamente en la Estación 26, vienen al pueblo a comprar el amor  y los aromas de una mujer.

La novela va explorando el cuerpo femenino que es tan esencial para ésta historia, y que en analogía de la sociedad misma, puede ser sagrado o corrupto, feroz y afable, alzarse a la eternidad o descender hasta el olvido. El cuerpo femenino es visto desde la mirada de la sociedad, es analizado desde los recovecos religiosos que se ocultan tras una moral distraía, y en él, se hace un análisis cultural de los arquetipos de la esposa y de la prostituta. Pero no sólo el cuerpo se analiza por agentes externos al comercio sexual, incluso, como instrumento de trabajo, el cuerpo es escrutado continuamente por la moral de las mismas prostitutass de Tora; moral que aunque muy propia de cada una, puede llegar a ser tan rígida como cualquiera y es en este punto donde los resabios adquiridos con el cristianismo se vuelven más aguerridos y espinosos, pues pese a que la puta desempeña su oficio sin inhibiciones, el látigo del remordimiento católico las lastima haciéndoles pensar que las enfermedades venéreas que contraen son castigo por la vida que eligieron. 

Con la “Huelga del Arroz”, la autora hace referencia a un evento que creo, fue parteaguas en la historia de Colombia y las demás revueltas que tuvieron lugar en su país. 

Aquí transcribo un párrafo que me gustó mucho por su carga emocional y que, me recordó el sentimiento. La voz es la de Sacramento, quien siente el derrumbar de su vida cuando descubre el amorío entre su amada Sayonara, y su amigo el Payanés. 

“Me bastó ver cómo se miraban para darme cuenta de todo… Sentí un mordisco en las entrañas y unas ganas grandes de caerme muerto, y me vino con náuseas, como bocanada agria, el sabor quieto de la muerte, y lo que para ellos era vida para mí era muerte, y cada vez que lo cuento vuelve a matarme como si volviera a vivirlo… ¿Celos? No, antes eran celos los que me abrasaban, pero ahora era peor porque como le digo era pura muerte, pero de la retorcida, no de la temperada.”

Laura Restrepo.

 

Laura nos cuenta una historia que a veces es verdad y a veces es ficción, pero siempre pasional y llena de matices. Su prosa rica y exuberante es por momentos diáfana, por momentos oscura, pero siempre hechizante, aterciopelada, sedosa y sensual. La novela vale muchísimo la pena y es que su forma y la estructura que la autora decidió emplear en su construcción son excelentes. Dense el tiempo y el regalo de leerla. 

Cristóbal Cano. 

La Virgen De Los Sicarios.

Hace varios años –yo le calculo unos 7 quizá más–, que mi hermana tiene un ejemplar de La Virgen De Los Sicarios, de Fernando Vallejo, y que no había querido leer porque una vez –que ya no alcanzo a recordar muy bien–, cuando tenía como 14 años intenté leerla y le agarré mal sabor de boca porque a esas, yo era un simio carente del hábito de la lectura. La puerta a la literatura que en ese confuso entonces había yo abierto con Drácula de Bram Stoker, se cerró violentamente con la novela de Vallejo, y es que además su lenguaje enrevesado –en ese entonces, vuelvo a decir–, no colaboró nada para que yo siguiera leyendo. Después de la mala experiencia, esa puerta literaria se mantuvo cerrada hasta que bien pasé los 18 y ahora, heme aquí, ante la novela de sicarios de Fernando que hoy día, me ha parecido excelente.

La novela enmarcada en Colombia, nos cuenta un Medellín que en la década de los 90 estaba muy lastimado, violentado y cansado hasta de si mismo, principalmente por los enfrentamientos que tenían lugar en el país, y que protagonizaban las mafias que se andaban matando entre sí, llévandose también a varios terceros. Ante esto, y por lo que puedo entender, es que el pueblo no tuvo otra alternativa que elegir la Ley De Herodes, en la que hay que chingar primero, para que no se lo chinguen a uno y ante todo, no dejarse chingar. 

Fernando nos cuenta un regreso al Medellín de su infancia,  que de aquel entonces ya nada conserva. Casado también de los devenires de la vida, Vallejo nos narra en forma escueta, enrevesada, irreverente y cruda la realidad de ese Medellín al que arribó años después, y que ya no reconoció.Varios temas se tratan en la historia, pero el principal es la violencia que al principio se aborda mojigatamente, hasta con cierto temor; pero que después, ya cuando las páginas avanzan y el autor se encaja en esa misma violencia, la va abordando con una naturalidad alarmante. Otro tema son las relaciones homosexuales que el autor entabla con dos muchachitos que son sicarios y que contrastan con los ideales de violencia machista que se pueden llegar a tener en las sociedades latinas, pero que pasan a segundo término. 

La historia es amena y si se tiene un tiempito, se lee en un día y se la pasa muy bien. Arranca varias carcajadas y es un producto que vale la pena analizar más a fondo, pero eso le toca a los colombianos que vivieron o que viven esa realidad,  y que es propiedad de ellos; mientras que los demás, tan sólo podemos idealizar y temer desde afuera. Yo se las recomendaría  a los chamacos de tercero de secundaria para que miren lo que nos están pasando en México y lo que debiéramos evitar si no nos va a llevar la chingada a todos. 

El autor también nos regala frases MEMORABLES, dicho con mayúscula, pues en serio, son buenísimas y dignas de un Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce. Vale mucho la pena y no se pierde nada al leerla si no muy al contrario… y es que ni tiempo quita.

Como ya se habrán dado cuenta, me encanta la literatura colombiana o es que la vida me lleva a ella, sin que yo ponga resistencia. Yo ya me voy.

Y que te vaya bien,

que te pise un carro

o que te estripe un tren.  

 

Cristóbal Cano. 

35 Muertos.

La historia nos cuenta los últimos 35 años del siglo XX en Colombia, iniciando en 1965 y concluyendo el 31 de diciembre de 1999. Cada muerte equivale a un año en el que el protagonista narra sus desventuras en conjunto con otros participantes en su historia, los cuales la matizan y aclaran lo que él pudo dejar sin aclarar. Nuestro protagonista es un perdedor que siempre se la está pasando mal por culpa de sus mismos errores o por andar con gente con la que no debiera. Por su incapacidad de decir NO, acaba siempre metido en embrollos, balaceras, narcos, sicarios y mujeres. Muchas de las decisiones que toma las toma por lealtad, pero a él nada más le pagan con traición por lo que se lleva muchas jodas de las que no ha terminado de salir para entrar en luego en otra. 

La novela va más allá, Álvarez nos cuenta 35 años de la historia de su sociedad y toma algunos acontecimientos muy importantes que ocurrieron en Colombia. Partiendo de Efraín Gonzales, un asesino icónico colombiano en cuya muerte el ejército desplegó cientos de útiles  para atraparlo,y que  se ilustra como Botones, Álvarez nos cuenta el nacimiento del protagonista el cual estará presente en sucesos como la toma del Palacio de Justicia, y es presencial en otros acontecimientos de manera directa o indirecta. También nos habla de los cambios sociales de esa época como la guerrilla, y el comunismo que despertaba en el país y fue sofocado por las fuerzas armadas. Sergio nos cuenta con su historia enrevesada, una Colombia que no conozco, y que uno no entiende del todo por no ser colombiano, pero que  siente cercana y a la que se le toma cariño.

El ritmo es bastante crepitante, hay muchos personajes que le echan piedritas a los vericuentos que conforman la avalancha final de la historia y es que son muchos los acontecimientos que se llevan a cabo, tantos son, que la novela se siente inmensa. Exige de tiempo para leerse, pese a sentirse rápida. El lenguaje, como el de muchas novelas latinas contemporáneas, es coloquial rayano en lo vulgar pero divertido, emocionante y pícaro. La novela te arranca carcajadas por ratos, aunque no logra preocuparte demasiado cuando hay problemas, quizá tampoco era la intensión del autor. 

Es uno de los títulos Alfaguara y no sé si es por ello o por ser la primera edición, que en la mentada Feria de la Lectura el libro me salió carísimo, y aunque el prólogo me llamó mucho la atención, en realidad lo que me enamoró del libro fue la fotografía de su portada la cual es un trabajo de Juan Fernando Ospina, un fotógrafo urbano, con un trabajo muy agradable para todos los que gustamos de la crítica social y la transgresión por medio del arte. La fotografía se titula “Desplazos”. 

Al final la novela vale el precio pagado. No se pierde nada en leerla y si se gana bastante en cuestiones de aprendizaje y de comprensión de una sociedad que no es la de uno, pero que es hermana y que padece problemas muy similares a la nuestra: el gobierno ladrón, los ajustes de cuentas, el narco, la pobreza y la delincuencia que esta genera.

Cristóbal Cano. 

La Mujer Que Tenía Los Pies Feos.

Alfaguara siempre tiene excelentes ediciones y esta no fue la excepción. Llegó a mis manos después de andar husmeando donde no debía: en la bodega de la casa de un amigo, en la que encontré varios libros que me traje a casa sin siquiera preguntarle qué era lo que él opinaba. 

La Mujer Que Tenía Los Pies Feos, escrita por Jordi Soler, es pues, el libro que estos tres días me ha tenido absorto, que me dejó con un muy buen sabor de boca y que me arrancó más de un par de carcajadas. 

La historia nos cuenta la situación bastante exasperarte que vive un cinematógrafo que sacrifica muchas cosas para poder estar más o menos al lado de una mujer de nombre Varsovia. La chica es voluntariosa, con ideas preconcebidas, algo malcriada y muy seductora a los ojos de este hombre el cual se aleja de la promiscuidad, de los vicios, de sus amistades y hasta de su gato, con tal de tener unos pocos momentos íntimos con Varsiovia. Los humores de Varsovia son algo que constantemente se interponen entre el hombre y las partes privadas de la mujer, lo cual el autor nos cuenta de manera pícara, irreverente y a veces pesimista. 

Me he identificado de sobremanera con esta historia, ya que en un idilio pasado también viví esta molesta situación: el hacer todo por que alguien esté a gusto, no sea de malas que cometamos algún error que aleje nuestros deseos carnales de las formas de su cuerpo. El siguiente extracto de la novela ilustra claramente mi situación pasada, y la que con gusto, por un tío como aquél, volvería a repetir casi sin pensarlo:

“Varsovia estableció las condiciones de la convivencia en la cama, la frecuencia del sexo y además el precio emocional con el que yo tendría que retribuirle el derecho a convivir con sus partes íntimas. Hueles a cigarrito, me dijo un día con gesto de niña maltratada y yo abandoné mis habanos de gran calibre, cobijado por esta reflexión: tiene razón, dejar de fumar por un rato no puede hacerme más que bien…

…Dejé de asistir a las reuniones con mis amigos porque Varsovia decía que eran exhibicionistas, o jipis, o pachecos o borrachos; o que sus esposas eran de tal o cual manera…Esta faceta insufrible era aniquilada, borrada y olvidada, después de unos momentos de generosidad sexual, que llegaban cada vez que ella sentía que yo estaba a punto de hartarme, nada más entonces, de vez en cuando, la verdad muy pocas veces.”

Jordi Soler.

Vale mucho la pena, y espero que puedan leerla. La imagen es muy pequeña, pero fue la única que encontré en la Internet. 

Cristóbal Cano. 

La Esquina De Los Ojos Rojos.

Para entender esta historia, hay que prestar atención a las paredes, a los muros, a las bardas, pues en ellas se cuentan las historias de este barrio. Las historias se relatan con tinta en aerosol, a punta de pilot, con las formas del stencil. Los grafitis nos hablan de las cosas que suceden en un barrio bravo de la ciudad de México, del cual, jamás se revela el nombre, pero que con nuestra imaginación y experiencia podemos colocarle el nombre de alguno de los barrios más fieros de aquella ciudad.

Esta novela nos habla de sicarios, de la falluca, del bisne, de la droga, y del colorido de este Barrio, hogar de muchas personas y marco de tantísimos vericuentos. La historias comúnmente acaban ilustradas en los murales de la ciudad, contadas por los grafiteros y los nombres de sus protagonistas, acaban garigoleados en la Cruz de Caoba, la de la Esquina De Los Ojos.

La Cruz De La Esquina no discrimina. No importa si se es hombre o mujer, niño o adulto; no importa el color de piel, ni el oficio. Basta sólo una condición para pertenecer a la larga lista que se escribe en la Cruz: que la muerte haya llegado de forma violenta.

Escrita por Rafael Ramirez Heredia, la novela comienza relatándonos el que hacer de una pareja de sicarios. Jóvenes que han encontrado una forma de subsistir entre las calles del Barrio. Después nos habla de los capos capos, los que ostentan el poder y mueven los hilos. Tímidamente, el autor nos habla de una mujer, de quien no se espera, se convierta en pieza clave en la historia. La mujer es viuda y madre de una hija de moral distraída, de cascos ligeros y tanguita fácil. La muerte de esta hija, cambia por completo a la mujer, quien traza una línea de venganza en contra de quien ella sabe, ordeno escribir el nombre de su hija en la Cruz de Caoba.

El estilo en que el autor relató la historia, quizá no es de mis favoritos, pero admito que no habría mejor forma de contarla; ¿De qué otra forma se contaría una historia como esta?. La historia es buena, matizada, y los personajes evolucionan para cuando el final llega. Deja un buen sabor de boca, sobre todo por su escritura de fácil digestión, tan coloquial que es rayana en lo vulgar.

Cristobal Cano.