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Ansia de Sarah Kane, por Síndrome Belacqua.

Si la ves y no sientes nada, estás podrido por dentro.

Se acerca el 14 de febrero y continúa precisamente ese día –porque qué mejor que ver la obra de Kane en San Valentín, aplausos para la compañía— la serie de presentaciones de Ansia, que Síndrome Belacqua ha estado ejecutando  desde el mes pasado.

Si entiendo bien, Ansia, de Sarah Kane, se trata de un ¿Diálogo? ¿Una discusión? ¿Un divagar?… a cuatro voces que gritan desde lo profundo de sus deseos, sus frustraciones, sus temores y sus anhelos, que gritan interrumpiéndose, dándose su lugar al mismo tiempo, y que a pesar de alzar la voz no obtienen respuesta.

DSC_0289Ya con Síndrome Belacqua había tenido la oportunidad de ver Los Días Felices de Beckett, de la cual quedé más que prendado y arrastré a una docena de personas a verla porque para mí fue extraordinaria.

Belacqua me agrada por la selección de obras que supongo, siguen una línea –Antes Beckett y ahora Kane–: escenografía minimalista, diálogos profusos, aplastantes, desmesurados, temibles en los que crudamente te encuentras a ti mismo. Me agrada porque es una compañía que ha intentado romper con la cotidianidad del entorno en el teatro, organizando happenings por ejemplo, en el GMMM con aquella intervención de locatarios del mercado Lucas de Gálvez y el Vecinal, que no tuve oportunidad de disfrutar –desgraciadamente– Y por último, me agrada, porque la siento libre de pretensiones. No intentan irritar al espectador a toda costa. No busca la ruptura de lo establecido a base del mismo juego de siempre, que básicamente consiste en desnudos, delirio y a veces achiote.

Regresando a Ansia: Ansia no es una obra que en esta presentación vas precisamente a ver, sino a escuchar. Vas a sentirte identificado, aludido, señalado y muchas veces insultado en varias frases de los aplastantes diálogos y a decir: ¿Qué puta madre es esto? ¿Por qué me trajeron aquí? ¿Por qué vine? Si yo estaba tan feliz antes de entrar.DSC_0286

Cuando la primera voz empieza ya no hay tiempo para pensar, no hay tiempo para analizar demasiado, sólo hay tiempo para sentir y para dejar entrar a las demás voces que se han puesto de acuerdo para transgredirte esta noche.

De la mano de los cuatro actores, o de sus voces: Ulises, Susan, Xhaíl y Miguel Ángel –a estos últimos los pudimos ver en escena en Los Días Felices— vamos adentrándonos en un discurso bastante crudo, altisonante no por las palabras sueltas, sino por el peso de los diálogos aparentemente colocados al azar, aparentemente lanzados así: sin ton ni son; pero que como piezas de un esquizofrénico rompecabezas van embonando, con el tono y la intensión correcta, en una especie de charla furibunda que nos sumerge, se adentra, nos intimida y nos estruja desde nuestro interior dejando resonar en nuestro cerebro un caos bien estructurado y bien pensado para ilustrarnos el fracaso de las relaciones con los otros y con nosotros mismos.

DSC_0284La experiencia fue muy enriquecedora, empezando por la sorpresa que fue la distribución del mobiliario y la dinámica actores/espectadores que se rompe totalmente. La distribución de la escenografía y las butacas buscaba, supongo yo: generar tensión física e incomodidad, para lanzarnos de sopetón a la incomodidad psicológica que la obra nos genera desde que empieza hasta que se acaba, y que la hace imperdible.

Diálogos demoledores, despiadados con uno mismo, en el que resalta el monólogo de Miguel Ángel, el cual si no te hace sentir nada, no tienes alma y estás podrido por dentro.

Ansia nos habla pues: ¿Del derrotismo? ¿De la depresión? ¿De la depravación? ¿De las ganas de dejarse arrastrar por la muerte pero del miedo atroz a morir? ¿De la desesperación y de la ansiedad? ¿De los deseos reprimidos? ¿Del hambre? ¿De la falta de amor? ¿De qué diablos habla Ansia que la hace tan difícil de explicar pero tan deliciosa?

DSC_0291Si has conocido a es@ lind@ chic@ en el bar y después de dos semanas crees que es el amor de tu vida, vayan juntos a ver Ansia, tal vez después de la obra se den cuenta que no se soportan y no quieren volver a verse nunca más. Si tienes 20 años de casad@ y no soportas a tu pareja, y deseas ahorcarl@ mientras duerme, vayan a ver Ansia, tal vez descubran que no podrían estar uno sin el otro. O mejor vayan a ver Ansia solos, para reflexionar, para sentir y así, al volver a su casa, puedan fingir que con quien están compartiendo su vida es la persona con la que quieren realmente estar, y no otro fracaso consigo mismos.  

Aquí les dejo el teaser de la obra:

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Samantha y el ladrón de bicicletas.

Advertencia: este post debe leerse en sintonía con la canción “Hallelujah” en versión de Rufus Wainwright, la cual pueden encontrar en la siguiente liga: http://www.youtube.com/watch?v=y6ubYV8yq4g.

 

Samantha. Samantha es mi bici. O bueno, lo era. Hace un año llegó a mi vida en un momento atribulado en el que yo, sinceramente, necesitaba escapar de mi triste realidad. Samantha fue un regalo. El mejor regalo. ¿Por qué? No sólo por ser un medio de transporte sustentable, y todos los beneficios que eso conlleva, sino que, además, era roja, con su freno de disco, suspensores, veteada de negro y blanco, con un caballito hermoso y unas ruedas que olían genial. Samantha no era una bici, era LA BICI. Y bueno, para que vean lo sexy que era, aquí les dejo una foto.

532208_264704180375012_1683890299_nMi bici representa mi libertad, cosa que exprimí en este año. No dependía absolutamente de nadie, más que de mi mismo, de la fuerza de mis piernas, de acero de Samantha y del caucho de sus ruedas, pero ella siempre estaba ahí para llevarme a donde sea. Lista para mí. Sin hacer preguntas. Sin quejarse. Incansable. Valiente, veloz.

Samantha me llevó a muchos lugares impensables y con ella entré a algunos otros de los cuales no estoy muy orgulloso. Me ayudó a escapar de algunos gañanes una vez que paseaba con ella cerca de la media noche. Samantha me ayudó a bajar de peso. Samantha hizo fuerte mi corazón y no estamos hablando de la reducción de mis niveles de colesterol precisamente.

Entonces ayer, martes 25 de marzo, un aciago día del 2014, ocurrió lo inimaginable. Un hijo de puta hurtó a Samantha mientras yo estaba aprovechando el martes de frutas y verduras en el supermercado.

El incidente ocurrió más o menos a las 7:20 de la noche. Llegué al súper y estacioné a Samantha en los racks destinados para las bicicletas. Por mi mente paso el clásico “ponle cadena”, pero en esas, me abordó el cuidacoches, el “viene viene”, quien le puso a Samantha una cuerda con una ficha y un número pintado en ella, y a mí, me dio otra ficha que correspondía al número que ya Samantha tenía asignado. Entonces me confié. Y dije, pues este cabrón la ha de cuidar.

No es por presumir pero, como no ver a Samantha, la bici más guapa de cuadra, entre puras bicicletas viejas y chorreadas. La elección era obvia. Para no hacerles el cuento largo. Entré al súper y realicé mis compras. Al salir, desde unos 30 metros divisé que Samantha ya no estaba. Entonces mi corazón empezó a latir con desesperación. Corrí hacia los racks, bolsas en mano, y al llegar sólo confirmé lo que ya sabía. Habían robado mi bici. Sentí todo lo que una persona puede sentir como cuando el amor de su vida lo abandona. 77981-crying-in-the-shower-gif-docto-WZVO

Corrí con los guardias y pedí ayuda, pedí que revisaran las cámaras de seguridad. Los cabrones me dijeron que ninguna de las 4 cámaras en la zona puede girar y puede ver hacia los racks, los cuales están frente a la puerta de la plaza. Empecé a argumentar cosas que ya no vienen al caso y que ya les conté a todo el mundo el día de ayer. Eso… eso ya no tiene mucha importancia.

Lo que sí la tiene es que espero que el hijo de puta que se llevó a Samantha, acabe bajo las ruedas de un autobús. Y es que no sólo me quitó mi medio de transporte ecológico y sustentable, sino que, además afecto mis tiempos. Afectóme emocionalmente porque Samantha fue un regalo, porque yo en verdad la quiero mucho, y porque Samantha me ayudó muchísimo en mi proceso de recuperación. Samantha me hacía una mejor persona. Ahora, todos tendrán que soportarme encabronado todos los días.

Dicen que la ocasión hace al ladrón… espero que haya ocasión para joderlo. El “viene viene”, a quién no identificaré, llegó a un acuerdo monetario conmigo el cual si bien, no es la cantidad exacta del precio de Samantha, menos su depreciación mensual, es algo significativo y que, aunque tengo derecho a recibir compensación por mi pérdida, el hecho de recibir dicho dinero no me hace sentir bien. Yo no quería joder a nadie.

En fin. Me quedan los bonitos recuerdos con Samantha. Y los horribles deseos para quien se la robó. En esta vida todo se devuelve y a veces por triplicado.

 Cristóbal Cano.

 

Feliz 2014

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En Noche Vieja hay cierto misticismo y felicidad, nostalgia y cierta esperanza en el porvenir. Todos –o al menos la mayoría– entran en estado de liberación, una catarsis colectiva que únicamente consiste en un día de descanso en nuestros empleos, una cena copiosa y una borrachera tremenda (espero). Y ya con eso como que erase and rewind, tabula rasa, la rueda comienza de nuevo a girar. 

Y así. Un año se va, y un año llega. Supuestamente todo derivado del tiempo que tarda el planeta en darle una vuelta completa al Sol, y los ajustes gregorianos más las cuestiones científicas. Pero todo eso, el saber el por qué celebramos, que es, básicamente una cuestión astronómica y establecida socialmente de forma deliverada, no le quita lo esotérico a este día en el que uno se lamenta o se congratula con lo que durante los 364 días anteriores hizo. 

Para mí también es importante dejar registro de mi año. Así nadie lo lea, es costumbre para mí escribir en mi blog (desde que lo tengo), algunas cuestiones que ocurrieron en el año para que alguien, algún día con mucho tiempo, pueda perderlo entre mis divagaciones y devenires y alguna que otra estupidez escrita en este post. 

Así pues, para mí este fue uno de los años más difíciles de mi vida. Uno nunca sabe cuán mal puede estar, hasta que lo está. Uno cree conocer el sufrimiento, pero –créanme– siempre se puede sufrir un poco más. Este año lo comprobé de verdad y les prometo, intentar no volver a experimentarlo. La vida se me iba y yo iba a dejar que se me vaya. El piso de arriba se ve tan tentador por momentos que bueno, tal como Herman Hesse dice, no es que uno vaya a tomar la navaja de afeitar y cortarse la garganta, pero es un alivio saber que la navaja de afeitar está ahí para nosotros cuando en verdad la necesitemos.

Gracias a mi familia por el apoyo brindado a lo largo de este año que pareció eterno. Gracias infinitas a mis padres y a mis hermanos. Un agradecimiento especial a mis amigos cercanos que también estuvieron ahí durante todo este proceso caótico, aplastante y trepidante. A pesar de todo fue un año de mucho aprendizaje y bastante evolución personal. También fue un año sumamente divertido, etanolado y con regusto a benzodiazepina lo que lo hizo aún más especial. Proyectos en puerta: ninguno. Objetivos: en eso ando. Misión, visión y valores: redefiniéndolos, pero si hay algo que puedo contarles es que vale la pena quedarse y eso lo sé, porque cuando ese auto casi me arolla, yo, salté para esquivarlo. 

Personas se van, otras vienen, algunas se van y regresan intermitentemente; algunas por decencia hagan el favor de no volver. Las cosas cambian y tal como Heráclito dijo: “nadie se baña dos veces en un mismo río”. 

¿Qué espero? Lo mejor para el 2014… es un año de número par, así que esperemos que el caos no reine en él. Lo mejor para mi familia y mis amigos, y lo mejor para mi país que está más roto que yo, más enfermo. Lo mejor para toda esa gente que está allá afuera y que no conozco, pero que tal vez algún día conoceré. 

Gracias. Y Feliz 2014. 

Cristóbal Cano.

Mi vieja Mezca ya no es lo que era… ya no es lo que era.

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El año pasado, para la fiesta de año nuevo, le mentí a todo el mundo (sí, a ti Rafael, sé que estás leyendo esto, te mentí, y no me quedé en mi casa para la cena de año nuevo) para ir a conocer un lugar nuevo y novedoso, La Fundación Mezcalería. Tabú para mí en aquel entonces porque qué clase de gente me iba yo a encontrar en un bar centrero. Pues qué, la onda. Fiesta poca madre, 3:00 ó 4:00 am, no recuerdo bien. Gorritos para todos, cornetitas y confeti por el año que se va y por el año que llega, y sobre todo una bebida que hasta ese entonces en Mérida no se consumía: el mezcal.

Jijiji, jajaja. El baile padrísimo, el chupe chingón, la resaca bien culera. Pero no hay pedo. ¿Ya lo bailado?

La Fudación Mezcalería nació hace año y medio creo, por ahí del mes de junio. Varias personas con un ideal se juntaron y arriesgaron su capital para abrir las puertas de este buen negocio el cual, emplea semanalmente a por lo menos tres decenas de personas. La Mezca, como con cariño le decimos, es pionera en nuestra ciudad: se abrió paso en una brecha del mercado de los bares locales e introdujo al público una bebida poco consumida y bastante temida en el sureste: el mezcal. Aplausos. Educó al mercado local al grado de que ahora muchos se dicen conocedores del cocido de piñas de agave y principales consumidores de éste.

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El éxito de este lugar (lo considero bastante exitoso) se debió a múltiples factores. Después de su apertura, poco a poquito –a traguitos– fue posicionándose en nuestra ciudad: primero atacando un nicho en el mercado de personas clasemedieras, medio sui generis y que buscábamos otra opción de diversión; personas a las que nos da una hueva los antros de Prolongación y nos vomitamos en el clasismo que permea en tales lugares; personas a las que nos caga el elitismo de los RPs y el sistema de castas que se establece en un antro normal; personas, pues, cuyo ideal de diversión no es beber vodka de dudosa procedencia mientras Pitbull grita: “un, do, tre, cua..”.

La Mezca apostó no sólo por bebidas novedosas, también optó por una propuesta musical definitivamente no nueva, pero, sí diferente. La electrocumbia nacía o empezaba a caminar en aquellos entonces, retomando los ritmos sonideros y mezclándolos con samples o simplemente reproduciéndolos con un background diferente, otro bit. Los DJs locales no sabían muy bien que pedo con este híbrido, y en un principio parecía que todo setlist pudo haber salido de un iPod… ¡pero eso que diablos importa si en la pista podías bailar sin ningún pudor Llorar y llorar de Cañaveral, libre de tapujos, desplegando los pasitos que tu madre te había enseñado un 24 de diciembre! A traguitos, los DJs de La Mezca, junto con su electrocumbia y su música tropical fueron también posicionándose.

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Me lo hicieron llegar por inbox porque sabían que me cagaría de la risa.

En la licuadora del éxito también tenemos que añadir el espacio (estoy hablando del inmueble). Nos encontramos pues en un lugar bastante abstracto, decorado con los supplies sobrantes de una fiesta de XV años. Lo kitsch estaba en tendencia y aunque ya en 2009 habíamos visto las primeras apariciones de todo aquello que es “de mal gusto”, lo hipster lo trajo de regreso y así, de la mano, lo reimpulsó al gusto de las masas. Una tendencia tomó y arrastró  a la otra y bueno, de repente, lo naco es chido y ya no estaba mal visto que te encantaran los recuerdos de boda y la fotografía opaca de Lola Beltrán. Al entrar en La Mezca el ambiente era raro, pero como chido, como tuyo. Un ambiente creado con lucecitas que quedaron de la navidad, papelitos picados para no olvidarnos de que estamos en México y los tacones de alguna chica que muy ebria perdió su zapatilla. La publicidad es otro factor importante que logró posicionar a La Mezca, ya que sus irreverentes tabloides fueron tan buenos como memorables, para muestra el especial de Miley: de lo mejorcito (les prometo que está impreso en mi recámara). El publicity sin duda determinante, pues hechizado por el mezcal y el bailongo es inevitable que de boca a boca se transmita publicidad para este peculiar lugar.

La Mezca también fue innovadora con su equipo de trabajo: personas normales sin aires de grandeza, cercanas, un servicio excelente y una política estrictamente incluyente; poco a poco el lema de este “bar” fue transformándose en “la mezcla”. Y es que en sus mesas, pasillos y su pista de baile, vale madres el outfit, el color, el status o el nivel socioeconómico.

Aparentemente tal política hoy en día aún permanece vigente, de esos días pluriculturales, incluyentes y de ambiente cercano, cálido y locochón, no más nos queda el recuerdo. Bueno es para La Mezca que haya que esperar una hora para poder entrar a bailar dos cumbias y tomarse un pomo de mezcal de tamarindo: los negocios se abren con la idea de crecer, de ampliarse, de consolidarse y de generar ingresos y beneficios económicos para quienes han depositado sus capitales en ello y para la fuerza de trabajo descapitalizada que se emplea para lograr tales beneficios. La Mezca lo logró en año y medio (eso creo yo, al menos eso es lo que especulo, ya que no le he echado ojo a sus libros de contaduría o a su Compaq para saber a ciencia cierta como están sus números), y hoy día si llegas temprano y tienes suerte, no tendrás problema alguno para entrar. Pero si te han dado las 12:00 am, prepárate para una larga fila y será mejor que lleves cigarrillos para la espera. No se confunda usted lector, mi queja no es la muchedumbre, ni que La Mezca sea un hervidero después de las media noche, la aglomeración no es pedo, en el bailongo se disfruta.

1235924_192727887572642_2039571175_nPoco a poco el ambiente de La Mezca fue tomando otro cariz. Me cuesta mucho aceptarlo y escribo con pesar. El fin de semana pasado me encontré de nuevo en el lugar y ahora sí, me fue inevitable admitir que mi vieja Mezca ya no es lo que era, ya no es lo que era. Ninguna cara me era conocida. ¿Dónde está la clientela que logró tal consolidación? ¿A dónde se mudó “la mezcla” sociocultural y convergente que cada fin de semana se reventaba de bailar en la pista embrujada?

Cuando este sui generis bar dejó su etapa de bebé y pasó a su consolidación perdió su esencia, eso es innegable. Aquí muchos dirán “renovarse o morir”, pero no hubo otra innovación que La Mezca ejecutara, simplemente se adecuó a su nueva clientela en pos, definitivamente creo, de los beneficios económicos. Económicamente estoy de acuerdo, así es la mercadotecnia: no es lo mismo una mesa de consumo moderado que una mesa de alto consumo. Y a eso habría que preguntarnos ¿Las gente bien que apesta La Mezca ahora, realmente realiza un consumo elevado?

1239797_192727754239322_881120773_nMe cuestiono sobre si entraron en un proceso de desmarketing; están intentando reposicionarse, redirigir su mercado meta o simplemente la mezcla multicultural que ahí se dio nunca fue su verdadero objetivo. Me pregunto si todo ese crisol fue producto accidental y dada la oportunidad únicamente fue utilizado como trampolín para llegar a los niveles socieconómicos deseados y sin duda heterogéneos.  ¿Dónde quedan las otras innovaciones que posicionaron La Mezca como lo que hoy día es, hablo del trato cálido de los meseros, del recibimiento humano de los chicos en la puerta, dónde quedaron los amables barmans, dónde quedaron pues las políticas incluyentes. Preguntas inútiles, sin respuesta o que quizá se responden por sí mismas.

 Entiendo la situación que enfrenta el país, entiendo el alza de precios. No pido una membresía ni mucho menos cuando el lema era la inclusión… pero ahora todo el personal está ávido de tú dinero y no de tú experiencia. No, tampoco se confunda lector, no hablo del dinero, hablo de la perdida de una esencia. La Mezca hoy día ha dejado de ser lo que era –sea lo que sea que alguna vez fue– para transformarse en un antro más de la ciudad.

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¿Cuál es la diferencia entonces con todos los antritos de vodka adulterado? La respuesta, muy simple, provino de unas niñas bien, de nalgas meadas, que el fin pasado por la noche estaban medio pedas y que a bien me respondieron: “aquí podemos hacer lo que no, en nuestros bares de preferencia”. Un springbreak para nacionales.

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Claro que hay una “mezcla”, las chicas y los chicos de ropón alcanforado (como dijera Laura Restrepo) mezclando su ADN con gente con la que normalmente no se besarían, o que son demasiado gringos para ir a los antros del norte de la ciudad; porque no señores, el gringo promedio no se va a Nósfera (¿todavía existe? no sé muy bien, nunca voy a los antros). La cosa es entonces bajar al centro a hacer tu desmadre en un lugar en el que sabes no serás juzgado ya no por las políticas, ya no por la imagen empresarial, sino porque estás pagando. Lo cual también es válido, pero es doblemoral. Los problemas vienen no en un cambio de actitud de la gente que acude, sino en un cambio de actitud plenamente perceptible en los dirigentes del negocio. Supongo que como todo, al final los beneficios mandan.

Tantos buenos momentos pasados en la pista embrujada, el mezcalito y la chela que tanto me sirvieron en la depresión; las cumbias bailadas ya nadie me las quita. Para mí, La Mezca nunca fue un bar, siempre fue como una fiestota: una pedota multicolor que ampliaba tu panorama y te cansaba los pies de tanto bailar. Un lugar donde la gente rifaba y podía pasar lo que menos te imaginabas que pasaría, un lugar que rompió reglas, paradigmas y tabúes, el sitio al que podías caerle en bici. Creo que nunca fui cliente tan leal de algún otro lugar. Y así como un 31 de diciembre de 2012 la conocí y de ella me enamoré, tal vez este 31 de diciembre de 2013 me toque despedirme.

 Como yo siempre digo: Aquí a nadie se le obliga. Los que van, que se diviertan. Los que no, que por favor me digan ahora en dónde se ponen buenas las fiestas. Desgraciadamente no hay cumbia que dure cien años. Agradezco a todo el personal que se portó chido conmigo durante todo este año, en especial a los que me soportaron cuando estaba pedo. A los que no, una mentada de madre. Un saludo a los DJs que me hicieron bailar tanto, a la Tía, al Tío que ahora lo vemos en el otro laredo, y a todos los bailadores. 

Cristóbal Cano.

Robots, chelas, y ¡Un Dramamine por favor!

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087copiaPor azares y no, estuve en la inauguración de Dex Machina, exposición plástica que se encontrará en el piso II del Museo de La Ciudad de Mérida (ex-correos) aproximadamente un mes. 

170copiaSon un poco más de 40 expositores quienes presentan esta vez su trabajo bajo la dirección de Christian Pacheco, artista y profesor que se dio a la tarea de reunir a los expositores y estructurar la muestra, misma que según me cuentan, se fragua desde hace más de un año. 

La idea es simple, alejándonos de la apocalíptica idealogía de Hollywood “El hombre contra las máquinas”, la exposición aborda una idea más noble y por qué no, divertida. Se trata entonces del Robot en la Cultura Popular. La exposición se compone de pinturas, ilustraciones y otras imágenes plásticas que emplean diversas técnicas para recrear a los robots más famosos de ayer, y de hoy. 

092copiaAsí, podemos encontrar al alcoholico Bender en varias obras, también a la pequeña Arale desde representaciones más contemporáneas y estilizadas. Robotina, la administradora del hogar de los Supersónicos, abandonó aquí su corpulencia y se nos muestra como un sexy androide con regusto a pin-up. La Tuya en Vinagre también hizo su participación con unas tetas voladoras al estilo Afrodita. 

No pueden faltar Mazinger Z, los EVAS, Gundam Wing, el androide creado por Fritz Lang en Metrópolis y por qué no: los Daft Punk. También se encuentram Bumblebee, Astro Boy y Rodney Hojalata, quienes son recordados por los más pequeños. 

Las obras le dieron un buen refresh a los íconos de antaño y presentaron a los actuales desde otra mirada. 

118copia¿Recuerdan a A-mok? Sí, A-mok, el que traía muchos premios para ti. El inconsciente colectivo trabaja de formas extrañas, justo la semana pasaba estaba recordando a A-mok y ¡Sorpresa! A-mok también tiene su lugar en la exposición, en una obra claro, pero el gusto de volverlo a ver nadie me lo quita, menos cuando recuerda claramente a la obra de Andy Warhol. Cuando era pequeño siempre me asustaba cuando A-mok empezaba a sonar y arrojaba su pelota sorpresa, pero ahora, sinceramente, lo extraño bastante. Si alguien se encuentra a A-mok por la ciudad, no sean culeros, avísenme. 

¿Qué me queda a deber? Bueno por ahí se mencionaba que el robot en la cultura popular sería abordado no sólo en la plástica también en el cine, literatura… etc. El tema de los robots es muy amplio y explotable, desgraciadamente fueron pocos los expositores que así lo hicieron. La mayoría se limitó principalmente a la televisión, el cine y el anime. Qué sí se acordaron de Asimov, ya me dijeron (fe de errores). Habrá que dar una segunda vuelta.

Tuve que vomitar un par de veces, ya que me encontré a varias personas de esas que siempre están en una galería de arte, una exposición… Personas elevadas, claro, esas que disfrutan y entienden el arte mejor que uno. Esas personas que son el arte mismo. El aire pues, por momentos estaba muy viciado, pero con un Dramamine se me pasaron las náuseas.

182copiaTambién se encontraban un par de DJs que amenizaron la velada. Hecho que me da gusto, ya que el Instituto de Cultura ha comprendido que hay que arriesgarse más y acoplarse a los tiempos para atraer a más personas. Supongo que por eso el Ayuntamiento de Mérida ya se está atreviendo a hacer eventos multidisciplinarios como las tocadas y las pasarelas en el interior de los museos.

Otro clásico de las inauguraciones fueron las Modelos, éstas también amenizaron la noche, estaban bien frías. ¡A huevo: chupe gratis! Unos canapés yucatecos domaron el hambre y después de que le llegara el turno de repartición al caballero pobre, me retiré con unos cuates a un bar cercano.

Dense una vuelta, nada pierden y sí se alegran el día con los recuerdos y el ingenio de los expositores. 

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Cristóbal Cano.

Se alivian casi todos los males: menos lo marica y lo pendejo.

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El Rey Tutul Xiú.

Velas, veladoras, inciensos y lociones. 

¿Quién nunca se ha sentido atraído alguna vez por el místico magnetismo de las tiendas esotéricas? Ya sea por necesidad o por curiosidad, muchos, aunque a veces intentan voltear la mirada como huyendo del mal, no pueden resistirse a mirar de hito en hito los artículos de negocios como éstos. 

Visité a Don Alfonso, propietario de la tienda esotérica El Rey Tutul Xiú, ubicada en el interior del mercado Lucas de Gálvez. Don Alfonso posee el puesto desde hace 4 años. Antes eran tres locales, pero las divisiones, los pleitos familiares y los tiempos cambiantes, les han obligado a reducirse únicamente a dos. 

En el puesto podemos encontrar toda suerte de cosas relacionadas al esoterismo latinoamericano: desde las clásicas velas de amarre y desamarre, los perfumes y jabones ven a mí, atrayentes con feromonas, veladoras a diversos santos, polvos para baño, y algunos instrumentos e imágenes empleadas en la religión Yoruba: una figura a Yemanyá y otra para Oyá. Don Alfonso posee también una cabeza (que no está a la venta), de quien me fue señalado como el Rey Tutul Xiú. La cabeza se adquiere junto con el puesto cada  vez que éste a lo largo del tiempo cambia de dueños. Es lo más valioso de la tienda y por lo que entendí, es quien vela por la ella. 

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Santa Muerte

Don Alfonso no  “hace maldades”, salaciones y otro tipo de trabajos en contra de otras personas, pero sí los canaliza a las personas indicadas. Él se dedica a los amarres y a las limpias, las cuales realiza, previa cita, en un local que tiene a 4 cuadras del mercado. 

Le cuento que hace poco vi el proceso de elaboración de las veladoras, y que, según yo, nada tenían éstas que las diferenciase de otras velas. Me dice que además de la oración, al menos en su tienda, todas las velas están trabajadas (en grupo obviamente), para que cumplan con la función para la que han sido preparadas, por ello, garantiza la efectividad de sus artículos. 

“En el periódico tú puedes encontrar 100 brujos, chamanes y otros charlatanes, esos se dedican a bajar el dinero descaradamente, y lo peor es que la gente se los paga. El otro día vino una muchacha, me dijo que como me veía buena onda, me quería preguntar cuánto es lo que generalmente deben cobrarle por una limpia. Le habían recetado una por $12,000.00 pesos. Le dije que no era cara, sino carísima, y que seguro la estaban estafando”. 

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Furia de pasiones.

Como mucho en esta vida, depende del sapo la pedrada. Así los precios de un trabajo dependen de qué y para quién: una limpia puede costar entre los $500.00 y cerca de los $3,000.00; un amarre cerca de los $4,000.00, según el tiempo y los materiales a utilizar. 

Amablemente me enseña veladoras, imágenes, lociones y hierbas, indicándome para qué se usa cada cuál. Ya muy animado, me invita a pasar al interior del puesto y conocer al Rey Tutul Xiú. La cabeza se encuentra elaborada de un material que no alcanzo a reconocer, pero puedo suponer es algún tipo de fibra natural como las figuras de Orishas. Tiene ojos cristalizados y aquella fibra natural petrificada. La cabeza está en un contenedor de cristal, junto a otras figurillas de menor importancia. 

Para los que no más no prenden en la cama: está el Furia de Pasiones; Amanza Guapos para el que no se deja conquistar; Arraza Brujería por si se siente victima de algún trabajo y para aquellos que les gusta el chupe, hay Semillas de San Ignacio, que se mezclan con la bebida del que padece alcoholismo para que desprecie la desprecie. Los Separa Amantes son buenos para interferir una relación y ya si se anda en pasos peligrosos o en actividades de riesgo, se recomienda la loción de Jesús Malverde, el mismito bandido sinaloense. 

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Loción de Jesús Malverde

Cristóbal Cano. 

Crónicas de ciudad: La Cueva del Maik.

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¡Qué arroje la primera piedra quien nunca haya visitado un cuarto oscuro!

Como una declaración en contra de mi propia moscamuertería de los últimos meses, me animé a visitar La Cueva de Maik, una estética bastante peculiar ubicada en el centro histérico de la ciudad de Mérida. La cosa bien formal. Yo en plena investigación. Así La Cueva es el primer lugar que visito de la lista de sitios de “mala nota” que sin duda escandalizarían a toda madre clasemediera que se de a respetar. Sin embargo cualquier madre preferiría verle a uno ahí y no en un ciber de cabinas con cortinas cagadas… de esos de cerca del Olimpo.

009Llegué temprano (antes de que abrieran) para tener una charla con Maik y para poder sacar fotografías sin incomodar a la doblemoralista y closetera clientela, aunque estaba seguro que de haberlo solicitado más de uno se hubiese dejado fotografiar en plena faena.

La Cueva de Maik, domicilio conocido por quienes semanalmente lo visitan, es un cuarto oscuro, cerca del cine porno (sí, no se hagan que no saben, está juntito a la Alianza Francesa), cerca a las cantinas, y cerca a otros lugares igualmente e interesantes.

Maik me cuenta que la necesidad tanto económica como de un lugar privado y anónimo es lo que lo lleva hoy día a abrir en la trastienda de su negocio un cuarto oscuro. En cuanto a la necesidad de anonimato tiene razón, pues los avezados en el tema sabrán que en estos lugares no hay nombres o no  verdaderos. Los clientes tampoco te andan preguntando a qué te dedicas, tu número de seguridad social o tu RFC.

012En sus palabras, Maik tiene más de 30 años metido en estas puterías. Que ha visto de todo, que ya nada le asusta.  Su historia comenzó en 1976, cuando abrió el primer bar gay en Mérida. No fueron pocos los problemas a los que se enfrentó, pero decidido, ha permanecido en el ambiente hasta nuestros días. Comparte conmigo sus anécdotas de aquellos días en los muy mal vistos centros de reunión. Me dice que muchos de los establecimientos que dirigió en el pasado eran ilegales; uno de ellos, un caserón en la García Ginerés que otrora causara gran revuelo y sensación por introducir en nuestra castísima ciudad los shows con sexo en vivo. Me habla sobre su historia en el ambiente, de como se subió a los tacones en los tiempos del México Mágico, y como tuvo éxito con la primera disco gay de Mérida: El Kabukis. Famosísimo antro, que según Maik, marcó las directrices de lo que habrían de ser los centros nocturnos homosexuales en nuestra ciudad.

A veces en regla, otras en clandestinidad, Maik, siempre ha buscado la creación de espacios de esparcimiento para sus congéneres. Él hace lo que puede con lo que tiene y lo seguirá haciendo en el futuro. Ahora él está en orden y paga sus impuestos. No tiene problemas ni con la policía ni con los vecinos que diariamente rezan Los Misterios Dolorosos a las seis de la tarde. Me comenta que su familia siempre había vivido en la casa que él y sus invitados ahora habitan, por eso todo el mundo sabe quién es él y qué ocurre en la trastienda. Los policías no lo molestan y los vecinos no hacen reparo ni sufren bochornos como antaño, lo que si hacemos cuentas es ganancia.

037La clave, me dice,  es no hacer escándalo. “Mis clientes no molestan a nadie, no gritonean, no son jotas placeras. No dejo que haya vestidas paradas en mi puerta ni en los alrededores. Nada de griterío ni conflicto. Los carros llegan, tranquilamente se estacionan, los hombres entran, hacen lo que tienen que hacer y con la misma se van. En silencio, sin meterse con nadie. Tengo tantos años en esto, que ya les veo la pinta a los que sólo quieren entrar a chismosear o a molestar. No dejo pasar a nadie que moleste a mis clientes. Vienen a divertirse, a relajarse, no a pasar malos ratos.” Sus políticas son claras: Se prohíbe el acceso a uniformados, animales, mujeres, vestidas y menores de edad.

Salió a colofón el caso 501, en el que 54 jotos fueron detenidos por putear a deshoras de la noche en un bar clandestino hace un par de meses. Ante la CNDH dijeron los implicados que fueron arrestados “nada más por ser bonitas”.

A esto me cuenta que él, también ha tenido problemas con la ley: principalmente en el sexenio de la ex alcaldesa Ana Rosa Payán, la que echó a todas las putas de la ciudad y las mandó fuera del anillo periférico.

La primera vez en ser detenido dirigía un bar cercano al aeropuerto de Mérida, allá por el año 89; la última, hace cerca de un año, cuando él y algunos de sus clientes fueron arrestados por simple burocracia, y fueron liberados 11 horas después con disculpas de la policía por no encontrar nada que les inculpara.

Para ingresar a La Cueva únicamente se necesitan las ganas y $30.00 pesos. “Cuando tenga que pagar más por el permiso de la estética, entonces subiré mis precios”. Me cuenta que cobra poco porque es en parte su servicio a la comunidad homosexual. Maik ofrece a sus clientes privacidad, anonimato, escapismo, deshago y placer. “Me caga ver a dos hombres besuqueándose en la calle. Si un hombre y una mujer causan incomodidad, imagínate dos hombres. Eso no es orgullo gay, eso es exhibicionismo”.

De todos los colores y sabores son sus clientes desde “el que paga con moneditas, hasta el que se baja de su auto del año”. Va más allá del sexo casual, me dice Maik. “Esto es cosa de desahogo. Muchos de los clientes habituales son casados (cosa que pude constatar en mi investigación de campo), cansados de la vida de familia, de las quejas de la esposa, de la chinga de los hijos; otros: oficinistas, gente que ha de guardar las apariencias, estudiantes de todo tipo, mucho closetero.

“Muchas veces no es el sexo lo que los hace entrar y frecuentar La Cueva, es la compañía, el poder ser quien se es sin inhibiciones, sin tapujos, entre iguales”. Ya sea por la plática o por la compañía, no neguemos que las manos y las bocas amigas es lo que hace venirse a los clientes cada semana en La Cueva. Todo esto, dice Maik, les ayuda a recargar las pilas para seguir con el día a día, en la oficina, en el hogar, guardando las apariencias. “Hay en nuestra ciudad chicos que no tienen espacio en su casa ni para masturbarse, que viven entre cinco o seis personas en la misma casa, en la misma habitación. Aquí encuentran ese espacio para desahogarse, para liberarse”.

Bajo la filosofía de que “Cada quien tiene su lugar”, Maik procura ofrecer un lugar para la comunidad homosexual que muchas veces se ve imposibilitada. A mi parecer, también satisface otras necesidades no tan elevadas como el voyerismo de todos los seres humanos, que disfrutamos de mirar mientras otros cogen.

044Siendo día domingo, la estética de Maik abre sus puertas a las 4 de la tarde. Bastante puntuales arriban dos chicos. Damos por terminada nuestra charla. Maik apaga las luces del interior de La Cueva, enciende sus lámparas ambientales y pone una porno para que los chicos vayan calentando sus motores en la sala de videos.

Al ritmo de Duri, Duri del extinto Click, empiezan a llegar más parroquianos: desde chicos bonitos, hombres casados, una que otra jotita y dos que tres chacales.

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El código de un backroom siempre es el mismo: anonimato, oscuridad, sonidos quedos. Pero debido a la experiencia, Maik ha distribuido una serie de carteles que nos indican como comportarnos, para que nadie se quiera pasar de listo…

Así, comienza a llenarse el cuarto oscuro, donde se encuentran dos con tres y a veces con cuatro. Ya para entonces la ambientación corre a cargo de Debbie Harry con Heart Of Glass.

Dos hombres me interrogan con la mirada, me acerco a ellos a platicar rompiendo la regla del sexo silente. Se sacan de pedo. Pareciera que uno se vuelve mudo al entrar a un cuarto oscuro. Les dejo tranquilos, doy más vueltas por el lugar.

025Un chico llega lanzando miradas a todos los que ahí nos encontramos. Lo sigo hasta acabar en las regaderas. Se ducha sin inhibición mientras varios pares de ojos devoran ávidamente su cuerpo. Se masturba y se corre. Solo se queda, nada consigue, ninguno fue valiente, ninguno se acerca. Termina y bastante cansino toma una toalla se seca, se viste y se va. Yo regreso a la sala de videos en donde ya se fragua un encuentro, mientras dos cuarentones se frotan el paquete.

La Cueva abre de lunes a domingo, en un horario de 1:00 pm a 10:00 pm; a excepción del domingo, que como ya mencioné se abre tarde. Según Maik y lo que pude observar, los mejores días son entre semana ya entradita la tarde. A los clientes ofrece sala de videos, cabinas y privados, cuarto oscuro, regaderas  y sanitarios para cualquier emergencia. Hay lockers en la entrada y llaves de pulsera; venta de condones, jabones, y toallas, porque nunca hay que dejar de lado ni la higiene ni la seguridad y porque según Maik, hay putos muy puercos.

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Lo que incomoda es la oscuridad total del cuarto oscuro. Unas luces tenues no vendrían a mal. Y es que al entrar prácticamente se pierde la vista. Dice Maik, que así no se pierde el anonimato, que si pone luz dejan de entrar los clientes. A saber, porque por gusto y por experiencia, al menos a mí, me gusta saber qué me estoy llevando a la boca y a oscuras, oscuras, no da risa, más bien preocupación.

018Recomendaciones: Hay que dar varias vueltas y no meterse con el primer gañan que nos muestre la pija. Unos clínex no te vienen mal, para aquello de no salir pegajoso y oliendo a cloro. Ya si te pones muy aventado, igual y te quitas el adn ageno en las regaderas, y limpio y perfumado te regresas a casa de tu madre o a darle besitos a tu esposa.

Importantísimo el usar condón y ya bien exigentes, que no se les olvide el lubricante aunque sea de Similares, para no jugarnos la suerte.

Me voy de La Cueva no más con el regusto de los cigarros que me fumé en el jardín y el blueballs de la morboseada al chico de las regaderas. A saludar a Manuela en la privacidad de mi hogar porque a fin de cuentas mi investigación era exógena.

Me despido del Maik al salir de la trastienda. Grata fue la charla y cantidad de información la que me proporcionó sobre la escena gay del hoy y del ayer, de esta recatada ciudad.

Cristóbal Cano.