Teatro

Ansia de Sarah Kane, por Síndrome Belacqua.

Si la ves y no sientes nada, estás podrido por dentro.

Se acerca el 14 de febrero y continúa precisamente ese día –porque qué mejor que ver la obra de Kane en San Valentín, aplausos para la compañía— la serie de presentaciones de Ansia, que Síndrome Belacqua ha estado ejecutando  desde el mes pasado.

Si entiendo bien, Ansia, de Sarah Kane, se trata de un ¿Diálogo? ¿Una discusión? ¿Un divagar?… a cuatro voces que gritan desde lo profundo de sus deseos, sus frustraciones, sus temores y sus anhelos, que gritan interrumpiéndose, dándose su lugar al mismo tiempo, y que a pesar de alzar la voz no obtienen respuesta.

DSC_0289Ya con Síndrome Belacqua había tenido la oportunidad de ver Los Días Felices de Beckett, de la cual quedé más que prendado y arrastré a una docena de personas a verla porque para mí fue extraordinaria.

Belacqua me agrada por la selección de obras que supongo, siguen una línea –Antes Beckett y ahora Kane–: escenografía minimalista, diálogos profusos, aplastantes, desmesurados, temibles en los que crudamente te encuentras a ti mismo. Me agrada porque es una compañía que ha intentado romper con la cotidianidad del entorno en el teatro, organizando happenings por ejemplo, en el GMMM con aquella intervención de locatarios del mercado Lucas de Gálvez y el Vecinal, que no tuve oportunidad de disfrutar –desgraciadamente– Y por último, me agrada, porque la siento libre de pretensiones. No intentan irritar al espectador a toda costa. No busca la ruptura de lo establecido a base del mismo juego de siempre, que básicamente consiste en desnudos, delirio y a veces achiote.

Regresando a Ansia: Ansia no es una obra que en esta presentación vas precisamente a ver, sino a escuchar. Vas a sentirte identificado, aludido, señalado y muchas veces insultado en varias frases de los aplastantes diálogos y a decir: ¿Qué puta madre es esto? ¿Por qué me trajeron aquí? ¿Por qué vine? Si yo estaba tan feliz antes de entrar.DSC_0286

Cuando la primera voz empieza ya no hay tiempo para pensar, no hay tiempo para analizar demasiado, sólo hay tiempo para sentir y para dejar entrar a las demás voces que se han puesto de acuerdo para transgredirte esta noche.

De la mano de los cuatro actores, o de sus voces: Ulises, Susan, Xhaíl y Miguel Ángel –a estos últimos los pudimos ver en escena en Los Días Felices— vamos adentrándonos en un discurso bastante crudo, altisonante no por las palabras sueltas, sino por el peso de los diálogos aparentemente colocados al azar, aparentemente lanzados así: sin ton ni son; pero que como piezas de un esquizofrénico rompecabezas van embonando, con el tono y la intensión correcta, en una especie de charla furibunda que nos sumerge, se adentra, nos intimida y nos estruja desde nuestro interior dejando resonar en nuestro cerebro un caos bien estructurado y bien pensado para ilustrarnos el fracaso de las relaciones con los otros y con nosotros mismos.

DSC_0284La experiencia fue muy enriquecedora, empezando por la sorpresa que fue la distribución del mobiliario y la dinámica actores/espectadores que se rompe totalmente. La distribución de la escenografía y las butacas buscaba, supongo yo: generar tensión física e incomodidad, para lanzarnos de sopetón a la incomodidad psicológica que la obra nos genera desde que empieza hasta que se acaba, y que la hace imperdible.

Diálogos demoledores, despiadados con uno mismo, en el que resalta el monólogo de Miguel Ángel, el cual si no te hace sentir nada, no tienes alma y estás podrido por dentro.

Ansia nos habla pues: ¿Del derrotismo? ¿De la depresión? ¿De la depravación? ¿De las ganas de dejarse arrastrar por la muerte pero del miedo atroz a morir? ¿De la desesperación y de la ansiedad? ¿De los deseos reprimidos? ¿Del hambre? ¿De la falta de amor? ¿De qué diablos habla Ansia que la hace tan difícil de explicar pero tan deliciosa?

DSC_0291Si has conocido a es@ lind@ chic@ en el bar y después de dos semanas crees que es el amor de tu vida, vayan juntos a ver Ansia, tal vez después de la obra se den cuenta que no se soportan y no quieren volver a verse nunca más. Si tienes 20 años de casad@ y no soportas a tu pareja, y deseas ahorcarl@ mientras duerme, vayan a ver Ansia, tal vez descubran que no podrían estar uno sin el otro. O mejor vayan a ver Ansia solos, para reflexionar, para sentir y así, al volver a su casa, puedan fingir que con quien están compartiendo su vida es la persona con la que quieren realmente estar, y no otro fracaso consigo mismos.  

Aquí les dejo el teaser de la obra:

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